domingo, 3 de marzo de 2019

Un libro sobre brigadistas en la sanidad militar republicana

Sven Tuytens, miembro de Brunete en la Memoria y compañero de Ernesto Viñas publica su primer libro en castellano, fruto de la investigación sobre una curiosa fotografía guardada en una caja de zapatos. La imagen muestra a once mujeres el Primero de Mayo de 1937 en la Plaza de Cataluña (Barcelona). Era su primer día en España. Y es el primer capítulo de Las mamás belgas (El Mono Libre Editorial).



Todas las mujeres que refleja la fotografía eran de origen judío, comunistas y habían salido de Amberes con el propósito de combatir el fascismo.Tras su paso por Barcelona ese Primero de Mayo, viajaron en tren a Onteniente con paradas que les permitieron ver el ambiente alegre de Albacete, base de las Brigadas Internacionales. 
Las 21 voluntarias –se sumaron otras mujeres que no aparecen en la fotografía de Barcelona- trabajaron como enfermeras atendiendo heridos de guerra en el hospital Militar Republicando de Onteniente financiado con fondos de sindicatos belgas y de la Internacional Socialista. Se trata de un edificio que sigue en pie como colegio religioso aunque casi nada en su interior revela que fue hospital de guerra y de los más avanzados de la época. Llegó a ocuparse de 800 heridos. El autor ha encontrado las huellas del hospital camufladas entre los libros de la biblioteca y en la reja de lo que fuera un convento. 
Las “Mamás belgas” transformaron no sólo el hospital sino también las costumbres de la ciudad. Una enfermera española que tenía entonces quince años y hoy 97, Rosariet, y a quien las belgas llamaban “La Peque”, ha contado a Sven Tuytens, su recuerdo de aquellas valientes que tomaron la decisión de jugarse la vida por sus convicciones. Entre los pliegues de su memoria destaca la personalidad de Vera Luftig, que  vino a luchar con dos hermanas, Rachel y Golda, también protagonistas del relato y con sus maridos y novios, brigadistas internacionales.
La mayoría de ellas se reunían desde antes de la guerra en España en un local marxista de Amberes. Su fuerte compromiso político las llevó ya desde el año 1934 a atender a refugiados políticos que huían principalmente de la Alemania nazi. En aquellos años el enfrentamiento en el campo de batalla con el fascismo parecía inevitable, cosa que la guerra en España vino a confirmar. Y ellas querían estar en primera línea del frente. 

Mujer culta, elegante, atractiva y bien relacionada, Vera se enteró de que la Internacional Obrera y Socialista (IOS) y los sindicatos belgas habían impulsado la creación de un hospital militar internacional en Onteniente, transformando el monasterio de los Franciscanos —y actual colegio de la Concepción—. Precisamente ella organizó el viaje a España.

Colegio de la Concepción/Hospital Militar "El Belga" en Ontinyent


Los primeros días en el hospital de Ontinyent, en mayo de 1937, apenas llegaban heridos de guerra por la lejana ubicación del hospital pero después tuvieron que atender a los heridos del frente de Teruel, cuando quedaron impresionadas con las heridas por congelación. La guerra se recrudecía y atendían a población civil que había sufrido bombardeos indiscriminados de la aviación fascista. Poco antes de su salida de España atendieron a muchos de los más de 200 heridos en el bombardeo de Xàtiva, más conocido como el Guernica valenciano, donde murieron 129 personas.  Dos de ellas se habían trasladado al hospital de Villanueva de la Jara (Cuenca). 

Villa Enriqueta/Hospital holandés de Villanueva de la Jara

Derrotada la República tuvieron que escapar hacia Argelia antes de regresar a Bélgica. No les esperaba allí un destino mucho mejor. En 1940, sería ocupada por los nazis y una nueva guerra llegaba a sus vidas. Muchas de ellas se truncarían en violentas persecuciones o en campos de concentraciónDe quienes sobrevivieron, fueron mayoría las que combatieron hasta el final al fascismo en la Resistencia e incluso con la lucha armada. Vera Luftig, que había perdido a su marido, brigadista, en la batalla de Madrid, siguió luchando en la Resistencia y entró en una red de espionaje soviética llamada la Orquesta Roja. El relato recorre sus pasos y nos acerca a la personalidad de esta mujer que tuvo que ocultarse con varios nombres falsos como también hicieron otras de sus compañeras para sobrevivir. 

Radio de la resistencia belga

Sven Tuytens ha querido dar voz a estas heroínas anónimas, rescatarlas de la memoria silenciosa, porque “cuando se habla de las Brigadas Internacionales suele hablarse de la guerra y de la muerte de los hombres, pero no de las mujeres". Y ha escrito el libro a partir de testimonios de las enfermeras, que dejaron en forma de cartas o diarios y también de entrevistas a las supervivientes y testigos de la época en que estuvieron en Onteniente; así como encuentros con sus hijos. El autor ha tenido acceso a fotografías inéditas y a documentos desconocidos hasta la fecha y ha entrado en archivos internacionales para recuperar la memoria de estas 21 vidas solidarias cuya memoria nos devuelve con este libro.

martes, 22 de enero de 2019

80º aniversario de la tercera batalla por Brunete.

En la Guerra Española, de cuyo final están a punto de cumplirse 80 años, hubo ciertas ciudades o pueblos que por alguna razón parecieron tener un imán para atraer sobre si los combates, incluso más allá de la estricta lógica militar. También existió un reducido número de núcleos habitados que llegaron a cambiar más de una vez de manos y por los que se luchó antes por un factor moral, propagandístico o simbólico que debido a que su posesión otorgara una ventaja operativa real o estuviera en proporción con las bajas o el esfuerzo que se asumieron para retenerlas o ganarlas. La ciudad de Teruel podría ser el ejemplo que primero nos viene a la mente de ambas situaciones, pero en la provincia de Madrid hubo un pueblo, Brunete, que a pesar de su menor tamaño e importancia histórica o económica, rivalizaría perfectamente con esa capital aragonesa como epicentro bélico. Aparte de que tuvo el frente a tiro de piedra durante casi toda la guerra, este pueblo vivió tres batallas diferentes, ocurridas en noviembre 1936, julio de 1937 y en enero 1939, esta última vez sin que se pudiera consumar la proyectada recuperación republicana. De estas tres batallas, hemos hablado mucho de la principal, la de julio de 1937, pero también nos queremos fijar en las dos menos importantes y conocidas: en la primera y en la última, las que fueron “por” y no “de” Brunete. Este 13 de enero de 2019 se cumplieron 80 años de la tercera de ellas, que apenas parece haber sido estudiada, y lo mismo se puede decir de la primera.  

Brunete, 18 de octubre de 1936. Centuria "Gastone Sozzi" (Fuente: AIC)



1º de noviembre de 1936: las columnas republicanas pierden Brunete.
Después de permanecer tres meses en “tranquilidad” dentro de la zona que se mantuvo leal a la República, la situación de Brunete y de los pueblos de su comarca cambió radicalmente al llegar la segunda mitad de octubre de 1936. En esos días, el antes Ejército expedicionario mandado por Franco, tras ocupar la ciudad de Toledo a finales de septiembre, había completado su reorganización (se había integrado en el Ejército del Norte) y había reemprendido el avance hacia su principal objetivo: Madrid. Las fuerzas republicanas que le intentaban cerrar el camino estaban luchando con garra y organización crecientes, pero eran incapaces de frenar su avance. Mediado octubre, la llamada Agrupación de Columnas y Tropas del general Varela ya estaba ámpliamente presente en el NO de la provincia de Toledo y en el SO y O de la provincia de Madrid, cuya sierra además ya era frente de guerra desde el comienzo de la sublevación a causa del avance inicial de las fuerzas de Mola. El 21 de octubre los republicanos encuadrados en la columna ¿Sánchez Plaza o del coronel Escobar? perdieron el importantísimo pueblo de Navalcarnero sin poder resistir en él más que unas horas. Los defensores que no murieron ni fueron copados por el ataque envolvente de regulares y legionarios apoyados por artillería, tanques y aviación aportadas en alto porcentaje por las potencias fascistas se retiraron desordenadamente hacia el Guadarrama o Sevilla la Nueva por caminos o campo a través. Allí volvieron a aprestarse a resistir una vez más. A fin de consolidar el dominio de la zona recién tomada, Varela se centrará en completar el control de la orilla derecha del río Guadarrama en un amplio sector antes de cruzarlo en dirección a Madrid. De esos días es el siguiente documento de la aviación franquista. Las fuerzas de infantería que se citan, 8 batallones de tropas selectas, rondaban los 6.000 hombres. 
Para el día 1º de noviembre de 1936 las nuevas órdenes señalan para las columnas una línea de partida que pasa por Chapinería – Aldea del Fresno – Villamanta – Navalcarnero. Se deben tomar Villamantilla, Villanueva de Perales y los objetivos principales para esta jornada: Sevilla la Nueva y Brunete. La idea de maniobra especifica que se debe desbordar este último pueblo por el NO. Se organizan tres columnas:

Columna nº 1, del teniente coronel Asensio, con puesto de mando en Navalcarnero y sus fuerzas en ese pueblo: formada por un tabor de Regulares y una bandera de la Legión. Deberá progresar por la carretera de Navalcarnero a Brunete, pasando por Sevilla la Nueva. Su misión es la de cooperar a la ocupación de Brunete desbordándolo por el SE.

Columna nº 3, del teniente coronel Delgado Serrano, con puesto de mando en Valmojado y con sus fuerzas en ese pueblo, en Villamanta y en Aldea del Fresno: formada por dos tabores de Regulares, una bandera de la Legión y una compañía de carros de combate. Se aproximará siguiendo el itinerario Villamanta – Villamantilla – Villanueva de Perales – carretera de San Martín de Valdeiglesias a Brunete y ocupará este último pueblo desde el NO.

Columna nº 4, del teniente coronel Castejón, con puesto de mando en Chapinería y sus fuerzas entre este pueblo y Navas del Rey: formada por dos tabores de Regulares, una bandera de la Legión, una batería de obuses y 5 carros blindados. Se moverá (partiendo desde Chapinería) por la carretera de San Martín de Valdeiglesias a Madrid cubriendo el flanco izquierdo de las anteriores columnas. 

Puestos de mando: El cuartel general estará en Valmojado y el del jefe de la agrupación, en Navalcarnero. Permanentemente habrá en el aire una escuadrilla de reconocimiento y bombardeo cooperando con el avance de las columnas. Los Savoia de bombardeo quedarán en reserva, a la espera de recibir órdenes para batir los objetivos que se les señalen. Estos aparatos estarán en tierra cargados con bombas de 2 y 50 kilogramos. La caza asegurará una protección permanente a las misiones aéreas y a las columnas de tierra.

Durante ese día, 1º de noviembre, un grupo de 3 aparatos Romeo que hace su primer servicio desde las 7,30 horas informa que a media mañana ha sido ocupada Villamantilla por la columna nº 3. La columna que salió de Chapinería (la nº 4) ha avanzado muy poco, y la que progresa desde Navalcarnero (la nº 1) ya ha tomado Sevilla la Nueva. Se observa algún enemigo entre Villamanta y Chapinería, pero en pequeño número. Otro vuelo realizado entre las 12 y las 13,40 horas reporta que se ha hecho el acompañamiento de las tres columnas propias que operan hacia Brunete, se han efectuado observaciones y se ha bombardeado las concentraciones enemigas descubiertas. Su parte dice: La columna que partió desde Navalcarnero se vio obligada a desplegarse al NE de Sevilla la Nueva, a la altura de la casa de peones camineros, entre este pueblo y Brunete. La carretera, poco antes de su paso por la mencionada casa de peones camineros, ha sido volada en dos puntos mediante minas. La columna que partió de Villamanta avanza tras dejar atrás Villanueva de Perales (ya ocupado).La preceden los carros de combate, que están a 1 kilómetro al N de este último pueblo. También avanza la columna de Chapinería, que está a unos dos kilómetros de alcanzar el cruce de la carretera que sigue (hacia Brunete) con el ramal que va a Villanueva de Perales. Se bombardea una columna de camiones enemigos detectados cerca de Brunete sobre la carretera a Chapinería y un gran atrincheramiento situado al SE del cruce a Villanueva de Perales. A las 12,30 horas los milicianos resisten en torno a la casa de peones camineros entre Sevilla la Nueva y Brunete, pero en torno a las 15 horas se observa desde el aire como la columna procedente de Navalcarnero está entrando en Brunete por el cruce de carreteras. Cerca de la entrada al pueblo hay carros de combate nuestros que lo están envolviendo por el flanco O y otros están atravesando la carretera para cubrir el flanco opuesto (E). Las columnas que tenían como objetivo el cruce de la carretera de Chapinería a Brunete con el camino de Villanueva de Perales ya se encuentran en ese punto. 

Situación de las fuerzas enemigas: En la carretera de Chapinería a Brunete, en la curva que hay antes de llegar a este pueblo (sería el kilómetro 19) se ven 10 camiones parados, sin observarse movimiento de enemigo. En la zona cercana a la carretera de Navalcarnero a Móstoles, pasado (hacia Móstoles) el puente sobre el Guadarrama y sobre el kilómetro 22 (de la carretera de Extremadura), se ve gente estacionada y tres camiones, así como atrincheramientos a ambos lados de la carretera. 

El día 3/11/36 son ocupados los pueblos de Villaviciosa de Odón y Móstoles. El día 4/11/36 son ocupados Alcorcón, Leganés y Getafe. El día 5/11/36 se bombardean concentraciones enemigas en la zona de Brunete – Boadilla del Monte.

Desde el lado republicano, la documentación sobre este episodio que hemos podido encontrar en los archivos es muy escasa, pero al menos no contradice lo recogido en el testimonio expuesto. Está confirmado que la defensa de Brunete del día 1º de noviembre estuvo a cargo de las fuerzas encuadradas en la columna López Tienda. Creemos saber además que este oficial de carrera se llamaba Rafael, era de Ingenieros, tenía 35 años y acababa de ser ascendido de capitán a comandante solo una semana antes, el día 25 de octubre. En esos días de derrotas y repliegues continuos, las fuerzas republicanas intentaban no perder su cohesión y capacidad combativa mientras iba madurando la idea y la necesidad de la militarización. Podía haber mandos capacitados, pero faltaban muchas de las cualidades y medios que debe tener una fuerza militar para ser fiable y eficaz. Entonces las columnas, formadas por milicias (civiles en armas) y por los restos de unidades militares y de orden público leales al gobierno del Frente Popular eran claramente inferiores a los sublevados en el combate en campo abierto o en torno a pueblos, aunque muy pronto, frente a Madrid, demostrarían tener más virtudes militares y resistencia moral que la que ellos mismos imaginaban o el enemigo les suponía. 

Una semana antes de perder Brunete, un documento republicano del 24 de octubre de 1936 sitúa a la columna López Tienda en posesión de la casas de Malpartida y de Milla (algo al E de Chapinería, sobre el km 30 de la actual carretera M-501), en Villanueva de Perales, Villamantilla, Sevilla la Nueva, Fresnedillas de la Oliva y en Brunete. Sus efectivos totales alcanzaban los 5.073 hombres, de los cuales 943 estaban en Brunete. Un puñado de ellos pertenecían a intendencia y sanidad, mientras que los restantes 900 eran la infantería y estaban encuadrados en la columna Libertad, formada a su vez por dos agrupaciones: Ilia Eremburg y Jaime (o Jaume) Graells, de las “Columnas Catalanas” que ya entonces estaban presentes en los frentes de la zona central. No podemos olvidar que la defensa de Madrid, todavía algo lejana de la propia ciudad, ya era una causa común de todas las fuerzas populares. 

Por la evolución de los combates que recoge el documento de la aviación franquista, podemos deducir que a lo largo de esa mañana del 1º de noviembre, las fuerzas de López Tienda se habrían ido replegando sobre Brunete al ir perdiendo sucesivamente sus posiciones de Villamantilla, Villanueva de Perales y Sevilla la Nueva. Por este motivo, suponemos que el propio pueblo de Brunete pudo llegar a ser defendido por bastante más de 900 hombres, que no pudieron evitar que la infantería y los tanques franquistas (serían Panzer I alemanes o tanquetas italianas) rodearan y aislaran el pueblo entre las 12 y las 15 horas. Cabe imaginar que quizás la resistencia casa por casa pudo sostenerse durante unas horas más, pero el destino de este pueblo estaba ya determinado. De inmediato, el esfuerzo de las columnas de Varela se dirigió hacia el cruce del Guadarrama, por lo que Villanueva de la Cañada y Boadilla del Monte permanecieron entonces republicanas, lo contrario que Villaviciosa de Odón, Móstoles, Alcorcón o Carabanchel. El 7 de noviembre empezaba la batalla de Madrid.     

Centrados en esta fase temprana de la lucha en la comarca de Brunete, en los últimos meses han llegado a nuestras manos tres fragmentos de historia que también aportan pistas y algo más de luz: la llamada de un investigador catalán interesándose por la posible existencia de un enterramiento colectivo de milicianos de ese origen en las cercanías de Brunete, una foto que nos ha mandado un buen amigo e investigador desde Ontinyent (Valencia), en la que se ve el 18 de octubre a un combatiente italiano perteneciente a la centuria Gastone Sozzi dentro de Brunete junto a otros milicianos y por último, la entrevista que el pasado verano tuvimos el privilegio de hacer a un veterano republicano que participó precisamente en esa defensa de Brunete y 83 años después sigue viviendo en la zona. Le estamos muy agradecidos a él y a su familia por permitirnos recoger y conservar su impagable testimonio, que guardamos como pieza valiosa de la memoria colectiva. 


 Sevilla la Nueva en el verano de 1932 (fuente: CECAF)



13 de enero de 1939: la última ofensiva del Ejército del Centro.
Desde que, en marzo de 1938, las fuerzas franquistas alcanzaron el Mediterráneo partiendo desde Aragón, la España republicana había quedado dividida en dos zonas. Entonces el Ejército popular se tuvo que reorganizar en dos grandes agrupaciones que ya no tendrían más contacto terrestre entre sí: el Grupo de Ejércitos de la Región Oriental (GERO) y el Grupo de Ejércitos de la Región Central (GERC), bajo mando del general Miaja. Como es sabido, durante el resto de 1938 y el inicio de 1939, las mayores operaciones militares – batalla del Ebro y ofensiva sobre Cataluña – tuvieron lugar  en la primera de estas zonas: la aragonesa – catalana. Faltando apenas 10 semanas para el final de la guerra civil y con la zona a cargo del GERO a punto de desaparecer, el día 13 de enero de 1939, el Ejército del Centro, integrado en el GERC, lanzó desde Quijorna y Villanueva de la Cañada una ofensiva de carácter local y limitado con la que pretendía obligar al Mando franquista a emplear o fijar sus reservas, impidiéndole llevarlas al frente extremeño, donde se estaba desarrollando otra operación republicana de mayor escala. 
La Orden general de operaciones del 11 de enero de 1939 disponía que el ataque debía emprenderse entre los ríos Aulencia y Perales, coincidiendo por tanto con el que había sido escenario de la ofensiva de julio de 1937, conocida finalmente como batalla de Brunete. En 1939, este sector pertenecía a la 69 división republicana, que tenía enfrente a la 20 franquista, estando ambas muy bien fortificadas sobre el terreno. Las fuerzas atacantes serían las divisiones 14 (brigadas 35 y 70), 65 (brigadas 112 y 200) y 2ª de Asalto (brigadas 5ª de Asalto y 17) más las Armas y Servicios que se les agregarían de manera temporal.  Todas juntas comprendían en torno a 30.000 combatientes, de los que 15.000 pertenecían al primer escalón, el que aportaría las vanguardias. Todas estas fuerzas estaban reunidas en el recién creado cuerpo de ejército de Maniobra, que quedaría al mando del jefe del I cuerpo de ejército, subordinado al Ejército del Centro, cuyo jefe era entonces el coronel Segismundo Casado. 
Básicamente, lo que pretendía esta ofensiva era ocupar al menos Brunete y las formaciones defensivas de su entorno, concretamente las posiciones por delante de Villanueva de la Cañada y la muy perfeccionada “posición Cienpies”, que se extendía a lo largo de tres kilómetros por la margen Sur del arroyo de Los Morales, en la zona de Quijorna. Para lograrlo, se planearon tres fases distintas dentro del ataque, y todo apunta a que no se escatimaron esfuerzos organizativos ni medios humanos o materiales, lo que en medio de la aguda escasez general de recursos que afectaba a la zona republicana da una idea de la importancia que el general Miaja otorgaba a esta operación. El Estado Mayor del GERC había buscado conservar al máximo el secreto de este ataque, pero había fallado. El espionaje, la traición, o la combinación de ambos, permitieron que con días de antelación el plan de ataque llegara al Mando franquista, que de hecho pudo conocerlo antes incluso que las propias unidades republicanas que sobre el terreno debían llevarlo a cabo. Prueba de esto es el inicio de la Orden general de defensa dictada el día 9 de enero de 1939 por la 20 división franquista en Villaviciosa de Odón. No hace falta leer nada más para intuir el resultado que tuvo esta operación, lanzada cuatro días después.    
Por noticias recibidas se sabe del propósito enemigo de lanzar un ataque, probablemente durante la noche del 10 al 11 en el espacio de frente comprendido entre Navalagamella y Pozuelo de Alarcón, combinado con otro en el sector del Jarama. Aparte del objetivo táctico de romper nuestro frente y cortar nuestras comunicaciones inmediatas, el enemigo busca también el efecto moral de ayuda a la zona catalana y el de sostener el espíritu de Madrid, en donde se ha agudizado notablemente el problema de la alimentación. La gran unidad que recibirá el ataque previsto es la 20 división, que actualmente está flanqueada por la 16 división por el E y por la 72 división por el O, mientras que la reserva es la 14 división. Los efectivos probables con los que cuenta el enemigo para su acción principal rondan los 30 a 40 mil hombres, apoyados por un número desconocido de tanques.
Como testimonio de la derrota sin paliativos que sufrieron las brigadas republicanas de vanguardia aportamos este informe del Comisariado del cuerpo de ejército de Maniobra, elevado al Mando el día 16 de enero.

Las fuerzas que constituyeron el cuerpo de ejército de Maniobra fueron las divisiones 14, 65 y 2ª de Asalto. El sector donde se realizó nuestro ataque  fue el frente existente entre Villanueva del Pardillo y Quijorna, que pertenece al I cuerpo de ejército. En su momento este Comisariado ya señaló las evidentes dificultades que representaba emprender el ataque por este sector. El objetivo táctico perseguido consistía en rebasar el pueblo de Brunete tras romper la línea enemiga, lo que no se pudo hacer, entre otras cosas porque, al contrario de lo que ocurrió en julio de 1937, no se consiguió la sorpresa. Desde el final de la batalla de Brunete el enemigo mantenía al grueso de sus fuerzas en la segunda línea, reforzaba su línea avanzada y acumulaba refuerzos en los flancos: el izquierdo era Navalagamella – Fresnedillas y el derecho Villaviciosa de Odón – Majadahonda – Romanillos. Este hecho ya hacía de por sí mucho menos desequilibrador el factor sorpresa, no obstante esta se intentó conseguir por todos los medios, tanto en la movilización y concentración de fuerzas en los días previos al ataque, como en la transmisión de las órdenes y comunicación entre mandos. Las posiciones enemigas en este sector de frente han resultado inasequibles para nuestra infantería, ya que estaban muy bien construidas y organizadas, contando algunas de estas con tres círculos concéntricos de alambrada y un plan de fuegos de frente y flanco estudiado al detalle, y por tanto muy efectivo. 

El ataque se sostuvo con valentía y disciplina, basadas en una moral alta, que queda demostrada por el crecido número de bajas propias, 680 heridos y 190 muertos. El primer escalón del ataque lo formaban dos batallones de la 35 brigada y tres batallones de la 200. Las fuerzas de la 35 brigada iban flanqueadas por un grupo de escuadrones de caballería que cubría el margen izquierdo de la maniobra por el margen del río Aulencia. Una compañía de tanques acompañaba a la infantería en su avance. El día 13 de enero amaneció completamente nublado y con malas condiciones de visibilidad sobre el terreno; este pudo ser el motivo de que en un primer momento los tanques se desviaran de su dirección, escorándose a la izquierda (E), desconectándose de la infantería, que en consecuencia no fue capaz de traspasar las alambradas enemigas, que permanecieron intactas sin la acción de nuestros tanques. Superado el desencuentro inicial entre ambas armas, se reemprendió el avance con una mejor coordinación de esfuerzos, pero la tardanza entre el primer asalto y el segundo permitió al enemigo concentrar sus piezas antitanque disponibles (estimadas en 6) frente a nuestro flanco izquierdo, donde actuaban nuestros tanques, consiguiendo poner fuera de combate a la mayoría de ellos. Desde el momento en que la infantería volvió a estar carente de apoyo blindado, el asalto de las alambradas se convirtió en una pretensión letal. El fuego de las armas automáticas enemigas unido a la niebla imperante y a un suelo muy embarrado por las lluvias de la estación prohibieron nuestro despliegue y aproximación en condiciones de triunfo a pesar de la bravura de las tropas. La mala visibilidad afectó también a la precisión con la que se podía hacer la preparación artillera, durante la cual apenas se pudo corregir el tiro, a pesar de lo cual sus impactos tuvieron bastante precisión, una puntería reconocida y agradecida por la infantería. La proximidad entre nuestras líneas y las enemigas impidió que nuestra infantería comenzara su avance antes de que nuestra preparación hubiera concluido.

Se valora como muy apropiado y valioso el trabajo hecho por los Estados Mayores. La sanidad hizo sus previsiones acertadamente, incluso por encima de lo que luego fue necesario; su asistencia resultó suficiente y muchas camas no llegaron a utilizarse. Solo en las primeras fases del combate se vivieron dificultades en los puestos de clasificación debido a que las bajas llegaban en tropel, coincidiendo con los esfuerzos en el asalto de la infantería. Las evacuaciones se tuvieron que hacer bajo un intenso fuego artillero enemigo sobre nuestra zona de acción, que fue totalmente identificada por el enemigo. La humedad y el frío causaron mella sobre todo en los soldados heridos, pero también en aquellos que tuvieron que pasar todo el día tumbados en la tierra encharcada antes de poder replegarse con la oscuridad, a lo que se debe sumar el mismo factor climático durante los días previos, los empleados para hacer la marcha de aproximación. Las transmisiones, intendencia, transportes y artillería funcionaron óptimamente, cumpliendo muy bien sus respectivas funciones, incluso la artillería, que generalmente es el objetivo de las quejas de la infantería y en esta ocasión incluso recibió palabras de elogio de aquella. Los ingenieros no tuvieron ocasión de participar más que preparando los caminos de acceso, que por causa del barro se encontraban verdaderamente intransitables. 

La alta moral, la disciplina y el heroísmo fueron características comunes de todas las fuerzas de infantería que participaron en la lucha. Todas las órdenes recibidas del alto Mando fueron cumplidas eficazmente, tanto en las marchas de aproximación como en el transcurso del combate. Las unidades tuvieron un comportamiento ejemplar, mereciendo ser destacado el caso del 138 batallón (2º) de la 35 brigada, que durante el combate perdió a casi todos sus mandos, conservando solo al comisario, un teniente, y un sargento, a pesar de lo cual ningún soldado se retiró de la lucha antes de recibir la orden de repliegue. El comportamiento de los comisarios ha sido intachable; así lo reconocen los jefes militares y así lo demuestran las cifras de bajas, 6 comisarios de compañía muertos y 8 heridos (1 de batallón y 7 de compañía).  

Se puede decir que uno de los objetivos que pretendía la operación fue conseguido, ya que se logró evitar el desplazamiento de unidades de reserva enemigas hacia el frente de Extremadura, donde nuestro ejército llevaba a cabo una exitosa operación ofensiva de envergadura. Los efectivos que el enemigo se vio obligado a concentrar alcanzarían los 25.000 hombres, encuadrados en 24 batallones, además de abundante material de artillería, morteros y armas automáticas.

Coincidiendo en la fecha, la 20 división franquista emitió este Parte de operaciones correspondiente al combate librado el día 13 de enero de 1939. 

Informado el alto Mando de la concentración de tres divisiones enemigas en la zona de El Escorial – Galapagar – Torrelodones y de su propósito ofensivo sobre el sector de Brunete, se ordenó reforzar la primera línea del mismo con el 5º batallón de Castilla, el 7º tabor de Regulares de Alhucemas, tres compañías de ametralladoras del batallón 147, dos secciones de la 9ª compañía de morteros y una batería antitanque. Otros dos batallones fueron situados en segunda línea. Se constituyeron dos agrupaciones artilleras para la zona del ataque previsto y se organizó la defensa antiaérea. 

A las 7,20 horas del día 13 se inició la preparación artillera enemiga, a la que a las 7,45 horas empezaron a contestar las dos agrupaciones propias con una intensa contrapreparación. Poco después, y por distintos puntos del sector, y a diferentes horas de la mañana, se fue lanzando al ataque la infantería enemiga, apoyada por tanques, siendo siempre rechazada con escasísimas bajas por nuestra parte y con un gran quebranto para sus brigadas de vanguardia, la 35 y la 200, que no osaron intentar un segundo ataque tras fracasar en el primero, limitándose la actividad del enemigo durante el resto del día 13 y el 14 a cañonear Brunete y alguna de nuestras posiciones, por lo que sus asentamientos artilleros fueron contrabatidos. Nuestra artillería hizo en total 5.796 disparos. El consumo de cartuchos de fusil y ametralladora se acercó a los 150.000. Nuestras bajas fueron 14 muertos y 56 heridos. Las bajas conocidas del enemigo alcanzan a 641, repartidas según sigue: 170 muertos en la proximidad de nuestras líneas enterrados por nosotros por razón de higiene, 2 prisioneros heridos, 2 heridos pasados a nuestras filas, 67 pasados a nuestras filas hasta el día 20 y por último, 400 muertos entre los que quedan por delante de nuestras líneas y los que ha retirado el enemigo.

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Leyenda: Posición Cienpiés de la 20ª división franquista, en la margen sur del arroyo de Los Morales. En la parte inferior de la foto se ve la actual carretera M-501, a la altura de Quijorna en diciembre de 1938.
(fuente: CECAF) 



Aestas cifras se deben sumar los heridos evacuados a los hospitales, con lo que el total de bajas republicanas en esa fatídica mañana del 13 de enero y días inmediatos se pudo acercar a las 1.500. Seguramente también sufrió un duro golpe la voluntad de resistencia de muchos combatientes.

El proceso de liquidación del Ejército popular de la zona Centro – Sur por el camino de la traición pudo haber quedado abierto o consagrado en esos días. Es posible que la presencia en el cuartel general de Franco de un plan de derrota programada en Brunete fuera la primera prueba inequívoca de un verdadero compromiso de ciertos altos mandos republicanos con una rendición sin condiciones. No sabemos si existen datos históricos conocidos que acrediten una complicidad tan extrema tan temprano, pero es normal que nuestras miradas se dirijan interrogantes hacia el coronel Casado, el jefe del Ejército del Centro que se sublevaría menos de dos meses después contra el Gobierno Negrín, acabando desde dentro con toda posibilidad de prolongar la resistencia o de hacer un repliegue ordenado sobre un puerto del Mediterráneo. 
Miles de vidas de republicanas y republicanos estuvieron en juego y se perdieron por causa de esta traición. Quizás, las  de los que cayeron en la ofensiva del 13 de enero frente a Brunete fueron las primeras. 

Ernesto Viñas.


















martes, 18 de septiembre de 2018

El Canto del Pico, el Mando y los Estados Mayores republicanos en la batalla de Brunete.

Hasta finales del S XVIII, en Europa, los jefes de los ejércitos o de las unidades militares regulares tomaban las decisiones, estratégicas o tácticas, de manera individual o apoyándose en el consejo y conocimientos de compañeros de armas o de otros jefes (políticos, militares o incluso religiosos), pero no existía un organismo reglamentario para asesorar y auxiliar de manera constante y metódica al alto Mando o al Mando de las unidades de mayor tamaño. Por otra parte, en los ejércitos monárquicos, el origen aristocrático de la alta oficialidad permitía que esta mantuviera una enorme distancia física y moral  respecto a los soldados a sus órdenes. La Ilustración, y sobre todo, la Revolución Francesa, cambiaron radicalmente y para siempre ese panorama. En ese periodo revolucionario de principios del siglo XIX apareció el primer Estado Mayor constituido como tal, y no por casualidad, esto sucedió en el ejército napoleónico.  


130 años después, la existencia de una estructura jerarquizada formada por ciudadanos iguales en derechos y basada en la obediencia sin fisuras a unos mandos profesionales formaba parte de la naturaleza de cualquier organización militar perfeccionada, independientemente de su complejidad o propósito político. En la II República Española en guerra, salvo para quienes defendían las milicias como meta final y no como una etapa intermedia en el desarrollo del Ejército popular en construcción, la jerarquía y la disciplina impuesta (y no solo autoimpuesta) eran características fundamentales y necesarias para seguir adelante. En esta línea, superados los primeros meses de 1937, a cualquier combatiente republicano se le exigiría el cumplimiento sin excusas de la misión asignada. Para eso, se necesitaba  que en todos los niveles de la cadena de mando y entre las tropas existiera un adecuado grado de instrucción, suministros, el mejor armamento posible y sobre todo, una sólida confianza en las capacidades y el buen criterio de quienes dictaban las órdenes en los niveles político y militar.
En el Ejército republicano los jefes, comisarios, oficiales, suboficiales y tropa que arriesgarían sus vidas, debían estar convencidos no solo de que que luchaban por una causa justa, la del antifascismo, sino también de que lo que  les pedía el alto Mando era posible y necesario, y que para alcanzarlo, además se había pensado en cómo salvaguardar al máximo sus vidas y su bienestar. De cumplirse todas estas condiciones, se alejaba la posibilidad de una disminución prematura de la capacidad combativa por bajas innecesarias o por desmoralización, mientras que la victoria en el campo de batalla seguía sin estar garantizada, aunque al menos sí se volvía más probable.  
En julio de 1937, tras haber empezado casi desde cero un año antes, en la administración central republicana, el principal organismo a cargo de la dirección de la guerra en curso volvía a ser el Ministerio de Defensa Nacional, que contaba con los Estados Mayores del Ejército de Tierra, de Marina, de Aviación y Central (EMC, que funcionaba como EM conjunto de las tres fuerzas armadas). Por otra parte, en las unidades que se acababan de crear, hasta brigada inclusive, ya existía el servicio de Estado Mayor, que era una formación auxiliar a disposición del mando de cada unidad y que contaba con cuatro secciones y su correspondiente jefe.   


Tomando en cuenta todo lo anterior, el joven Ejército republicano que en el segundo verano de guerra se estaba concentrando entre El Escorial y Torrelodones con el mayor sigilo para lanzarse a la ofensiva en el frente de la sierra, estaba a punto de someter a una durísima prueba su fortaleza, instrucción y capacidades. Era inminente el comienzo una operación a gran escala que, en palabras de su inspirador, el entoncescoronel Vicente Rojo, debía basarse en la maniobra, la velocidad y la audacia. El papel del alto Mando y de los Estados Mayores sería por tanto completamente fundamental: las tropas, desigualmente instruidas, a las que se les pedía internarse profundamente en el campo enemigo, debían sentir que actuaban en todo momento bajo una dirección acertada, visible y firme. Avanzar para envolver y aislar una gran agrupación de fuerzas enemigas era algo distinto y mucho más arriesgado que defender un frente estabilizado, fuese urbano o no, algo en lo que sí existía una exitosa experiencia previa: Madrid, la carretera de La Coruña, el Jarama o Guadalajara.  Por el contrario, el rendimiento que se tendría en un combate ofensivo era todavía una incógnita. 
El día 2 de julio de 1937, la Sección de Organización del EM del Ejército del Centro republicano publica bajo el mayor secreto la Instrucción Reservada nº 1. Esta parece ser la primera orden efectiva vinculada con la inminente ofensiva que será conocida como batalla de Brunete. La IR nº 1 ordena en primer lugar la creación de las fuerzas que tomarán parte en la misma: Ejército de Maniobra (cuerpos de ejército V y XVIII), Cuerpo de Ejército de Vallecas, Reserva General y Reservas Locales. El 2 de julio era también el día D – 3, lo que da una idea de la urgencia y escasa antelación con la que se montó esta operación, destinada a aliviar el asedio franquista de Madrid y sobre todo, la grave situación del frente norte. En lo referente a la estructura del Mando, se señala para el Ejército de Maniobra el mismo jefe - general José Miaja Menant - y Estado Mayor que tenía el Ejército del Centro. Como grandes unidades subordinadas, el V CE tendría por jefe al mayor de milicias Juan Modesto Guilloto y al teniente coronel Manuel Estrada Manchón como Jefe de EM, mientras que el XVIII CE quedaría al mando del teniente coronel Enrique Jurado, con el teniente coronel Ramón Ruiz Fornells como jefe de EM. Por último, en el CE de Vallecas asumiría el mando el teniente coronel Carlos Romero Jiménez, con el teniente coronel Joaquín Otero Ferrer como jefe de EM.   

Nada dice esta orden acerca de los lugares donde debían quedar establecidos esos cuatro puestos de mando, pareciendo lógico que fuera cada jefe y EM, de común acuerdo, quienes eligieran las ubicaciones concretas. En la víspera del ataque, el 5 de julio, los puestos de mando vinculados al recién constituido Ejército de Maniobra ya debieron quedar situados de la siguiente manera:
-      Ejército de Maniobra, en el Canto del Pico (Torrelodones).
-      XVIII CE, en la casa de Panarras (Torrelodones).
-      V CE, en el vértice Santa Ana (Valdemorillo).   
Posteriormente, en la medida que lo permitieron los primeros avances y lo exigía la lucha, el V CE situó también en Valdemorillo un puesto de mando avanzado en la que se llamaría desde entonces posición Pico y Pala, mientras que el XVIII CE haría otro tanto en la casa Palata de Villanueva del Pardillo. Por debajo del nivel de los dos cuerpos de ejército, y hacia vanguardia, estuvieron sucesivamente los puestos de mando de sus unidades subordinadas: divisiones, brigadas y batallones. Todos ellos se encontraban situados mucho más cerca de la primera línea, eran menos complejos, estaban mejor enmascarados y eran más móviles, porque así lo exigía el combate.
Volviendo al escalón superior del mando, y más a retaguardia, el palacete del Canto del Pico era sin ninguna duda un excelente emplazamiento para cumplir con el fin escogido de puesto de mando central: ofrecía amplias estancias para salas de trabajo y alojamientos, proximidad al principal nudo de carreteras y excelentes vistas sobre la mayor parte del inminente campo de batalla. Tenía por el contrario la desventaja de que esa misma posición elevada y claramente recortada sobre el fondo de la sierra que le permitía “ver”, también lo hacía visible al enemigo, y en caso de resultar descubierto, ofrecía un blanco fácil a los bombardeos aéreos. Por esta razón seguramente quedó incluido entre los puntos que debían ser protegidos por las baterías antiaéreas republicanas, dos de las cuales creemos que fueron emplazadas en Valdemorillo al poco de iniciarse  los combates.
Este puesto de mando situado en el Canto del Pico debía ejercer su función sobre la mayor masa de combatientes que la República había sido capaz de reunir hasta entonces para una operación particular. El Ejército de Maniobra estaba inicialmente constituido por 6 divisiones en vanguardia: 11, 35 y 46 formando el V CE y 10, 15 y 34 formando el XVIII CE, mientras que había otra en reserva, la 45. A estas fuerzas de Infantería había que sumar el personal encuadrado en las restantes armas y servicios: Artillería, Tanques, Aviación, Caballería, Sanidad, Transmisiones, Ingenieros e Intendecia, lo cual arrojaría un total de combatientes iniciales (excluido el Cuerpo de Ejército de Vallecas) cercano a los 70.000. Posteriormente, a lo largo de los 20 días que duró la batalla de Brunete, también las divisiones 14 y Durán y las brigadas mixtas 94, 95 y 151 estuvieron bajo las órdenes de Miaja, lo que nos lleva a tener que sumar unos 20.000 hombres más. 


Conocemos bien el desarrollo por días y por sectores de la batalla de Brunete, pero hemos avanzado menos en el conocimiento del papel jugado por el Mando y los Estados Mayores. La existencia de informes, testimonios y memorias personales no siempre coincidentes (incluso a veces contradictorias) haría muy arriesgado evaluar el comportamiento en bloque de los mandos republicanos de los distintos escalones y unidades. Por esta razón,  una de las pocas cosas que sí podríamos afirmar sin temor a equivocarnos es que por norma hubo un altísimo grado de compromiso y sacrificio, pero en cuanto a la eficacia alcanzada, los resultados habrían sido bastante dispares. Algo similar, aunque en un grado menor, pudo pasar también en el Ejército franquista, aunque ciertas pruebas escritas que debieron existir, o han desaparecido misteriosamente de los archivos históricos, o nunca llegaron a ellos. 
Como ayuda para entender lo que es y cómo funciona un Estado Mayor moderno, el siguiente texto resultará muy útil, pero produce vértigo pensar que lo hemos encontrado en una Orden General dictada mediada la batalla y no en un manual de enseñanza militar. En ella, el mayor Modesto (o un superior suyo) sintieron ¡el 16 de julio! la necesidad de recordar a sus jefes de división (Walter, Valentín González y Líster, los dos últimos de Milicias) cosas tan básicas como estas:   
Orden General nº 11. Objeto: organización y funcionamiento de los Estados Mayores y Cuarteles Generales. 
El Estado Mayor del CE tendrá dos oficiales por sección, en la división habrá un jefe de EM y un oficial por cada sección y en las brigadas habrá un oficial para las secciones 1ª y 2ª y otro para las secciones 3ª y 4ª. 
-       La 1ª Sección (Organización) asume el conocimiento detallado de todos los medios de acción de la unidad: personal, armamento y material de toda clase. Son suyos también los asuntos de justicia, administrativos, incorporación de reclutas, permisos, etc. 
-      La 2ª Sección (Información) tiene a su cargo la organización y funcionamiento de la observación e inspección de las unidades subordinadas, así como la investigación, interpretación, síntesis y aprovechamiento de los informes de cualquier tipo que reciba. Estudio de los boletines o partes de información de la unidad superior, vecinas y subordinadas, del cuerpo de ejército, del SIA (Servicio de Información de Artillería) y del servicio de escucha radiotelegráfica. Hace reconocimientos y da golpes de mano.
-       La 3ª Sección (Operaciones) tiene a su cargo todo lo relativo a estacionamientos, marchas, operaciones y fortificación. También comprueba el enlace entre las distintas armas, entre las divisiones y con las unidades vecinas. Hace los planes o proyectos de operaciones e informa al Mando sobre las operaciones realizadas por la unidad. Hace reconocimientos para el conjunto del EM y tiene su cargo los oficiales de enlace y la relación con los comandantes de las distintas armas en la unidad. Estudia las órdenes de operaciones de la unidad superior, vecinas y subordinadas. 
-      La 4ª Sección (Servicios) lleva la coordinación e inspección de los servicios de municionamiento, Ingenieros, Intendencia, Sanidad y de los transportes. 
-      Solo en los cuerpos de ejército (y superiores) existirá una 5ª Sección (Cartografía) encargada de tener un depósito de cartografía para distribuir los mapas apropiados entre las unidades. También realiza los distintos superponibles y gráficos que pide el Mando.
Sabemos también que el 11 de julio, coincidiendo con el agotamiento de la ofensiva y el paso a la actitud defensiva de los republicanos,  el teniente coronel Jurado dejó el mando del XVIII CE, asumiéndolo primero interinamente el jefe de EM, teniente coronel Ruiz Fornells y pocas horas después quien fuera designado para hacerlo definitivamente, el teniente coronel Segismundo Casado. El 23 de julio, el jefe del EM del V CE, Manuel Estrada, pasó a la Sección de Información del EM del Ejército de Tierra, haciéndose cargo del puesto vacante en el EM del V CE el comandante José Sánchez Rodríguez. 
Una vez terminada la batalla de Brunete y desde su nuevo destino, el día 14 de agosto Manuel Estrada eleva un informe “urgente, secreto y confidencial” al jefe del EMC, el coronel Vicente Rojo, sobre el desarrollo de la ofensiva en la que el autor tuvo un papel relevante. Dice lo siguiente: 
Generalmente nuestros mandos, en las grandes y pequeñas unidades, no están hechos para resolver por su cuenta las situaciones ofensivas posteriores a la inicial, en la que una preparación minuciosa de la operación, acompañada de órdenes que consideran hasta los mínimos detalles, permite el funcionamiento automático del sistema. En cuanto se conquistan los primeros objetivos y surgen incidencias imprevistas, los mandos suelen carecer de iniciativa y sienten las vacilaciones propias del espíritu indeciso que no está muy seguro de lo que se debe y se puede hacer. Algunas veces los mandos adoptan decisiones poco maduras y, por el afán de imprimirles rapidez, se traducen en ligerezas o en un dispositivo inorgánico y por tanto propenso al barullo. Para prevenir estas deficiencias, los Estados Mayores deben estar cabal y permanentemente organizados en los cuerpos de ejército, divisiones y brigadas, y desde luego, mucho antes de comenzar las operaciones. Un Estado Mayor que funciona como tal no se improvisa, y tampoco puede prescindirse de él. 
Dos son los criterios que he podido apreciar en la interpretación del funcionamiento del EM en las recientes operaciones: uno de ellos, el del XVIII CE, caracterizado por el espíritu de organización meticulosa, con oficinas montadas con toda comodidad pero lejos del frente y por tanto sin fáciles comunicaciones con los puestos de mando divisionarios ni información segura y oportuna disponible en todo momento. Aquí, los oficiales de enlace apenas se utilizaban, y cuando entraban en acción, aportaban informes trasnochados o imprecisos; en resumen, mucha burocracia y poco dinamismo. Por el contrario, en el V CE se carecía absolutamente de burocracia y toda la actividad del EM consistía en un ir y venir de oficiales de enlace, sin que ninguna sección pudiera funcionar porque perdía la continuidad en el trabajo al tener constantemente a sus responsables con misiones en el frente. Si a esto se añade que las divisiones desatendían los requerimientos, verbales y por escrito, que recibían para que comunicasen al cuerpo de ejército las novedades ocurridas, los informes sobre el enemigo, la situación de las fuerzas propias, o pasasen copia de las órdenes dictadas (en ciertos casos los jefes de las divisiones consideraban todo esto como “papeleo”), se comprenderá la imposibilidad que se vivió para que existiera un EM efectivo.
Los Estados Mayores deben estar organizados en su totalidad de un modo permanente y con su personal especializado en el cometido específico de casa sección. Es necesario mantener siempre dos o tres oficiales por sección en cada Estado Mayor y su instrucción debe ser permanente e intensísima. En este sentido, sería muy útil organizar en cada ejército o cuerpo de ejército una delegación de la Escuela Superior de Guerra con la misión de instruir a los EM, e incluso a los mandos.   
Este informe está hecho por alguien que vivió desde dentro el día a día del EM del V cuerpo de ejército en el vértice Santa Ana o en “Pico y Pala” entre los días 6 y el 23 de julio y luego pasó a un organismo superior. Sus palabras ponen de manifiesto varias carencias importantes, pero también nos dan pistas acerca de ciertas diferencias de estilo que pudieron existir en la forma de conducir las operaciones de un mando representativo de quienes procedían de Milicias (mayor Juan Modesto) frente a otros que eran de carrera (tenientes coroneles Jurado y Casado). A pesar de la credibilidad que nos merecen las afirmaciones del teniente coronel Estrada, cuesta creer que Modesto, que era un férreo defensor de la disciplina y de la preparación permanente, descuidara los aspectos formales del funcionamiento del Estado Mayor de su unidad. Él no era un militar de carrera, pero antes de la guerra había pasado por la Academia Militar soviética Frunze y había dirigido las MAOC, germen del 5º Regimiento. Inmerso en la batalla de Brunete, quizás, ante la dificultad de las comunicaciones y la falta de confianza en alguno de sus subordinados, se pudo ver obligado a enviar a sus oficiales de EM como delegados o enlaces casi permanentes a una o a más divisiones, y aquí la primera candidata a la duda sería la 46, mandada por El Campesino, un comandante proveniente de Milicias con capacidades militares muy cuestionadas. Menos explicables parecen los fallos en el funcionamiento (falta de conocimiento de lo que ocurría en las divisiones) descritos en el EM del XVIII CE. Considerando que en la fase final de la guerra el teniente coronel Segismundo Casado mantuvo negociaciones secretas con Franco y (por decirlo muy suavemente), precipitó la rendición republicana rompiendo el Ejército popular, cabría especular con que ya en julio de 1937 no sintiera una especial simpatía por las Brigadas Internacionales que quedaron bajo su mando (XIII, XV, XII y CL), las dos primeras en la 15 división y las dos segundas en la 45 división, respectivamente al mando de los comandantes internacionales Gal y Kleber. Si además hubiera decidido permanecer en su puesto de mando “formal” de Panarras en vez de adelantarse hasta el avanzado de Casa Palata o acercarse directamente a la línea de fuego, es lógico que la comunicación con sus divisiones no fluyera. La distancia era larga, los caminos malos y las motos, teléfonos y radios resultaban siempre escasos y frecuentemente se averiaban.  
Frente a casos que merecieron críticas, también quedaron acreditados muchos mandos republicanos que demostraron un alto nivel de actuación e incluso protagonizaron episodios clave durante la batalla. Vienen a la mente con facilidad la toma inicial de Brunete; el colapso al que fueron empujados los defensores de Villanueva del Pardillo; la “resurrección” de la 108 brigada mixta; la resistencia de la 101 brigada en torno al arroyo Valdeyerno frente a fuerzas frescas, selectas y superiores; la 68 brigada siendo la última en volver a cruzar el Guadarrama tras resistir hasta el límite para que pudieran hacerlo antes las otras brigadas o la reconstrucción de la línea propia frente a Villanueva de la Cañada solo horas después de perderse el cementerio de Brunete y de bordearse el desastre completo, lo que implicó a diferentes brigadas y divisiones. 
Para tener una panorámica más completa de las opiniones que dejaron los mandos, se hace necesario escuchar también ciertas críticas “de abajo a arriba” que dejaron escritas Líster y Modesto, los dos de Milicias y comunistas. Mencionan ambos además el Canto del Pico, por haber estado dentro. Empezamos por Líster:
El día 20, después de 14 días con sus noches de combates ininterrumpidos, pedí al jefe del V CE que relevara a la 11 división. Me respondió que no tenía con quién reemplazar mis fuerzas y que fuese a ver al Mando del frente por si este podía resolver la cuestión. Este estaba establecido en la casa de Maura, conocida como el Canto del Pico. Llegué allí alrededor de las tres de la tarde y me recibió Rojo, a quien expliqué el motivo de mi visita. Me respondió que el general Miaja y el ministro Prieto estaban en el comedor y que era conveniente que les planteara la cuestión a ellos. Encontré a ambos delante de una botella de champaña, les saludé reglamentariamente y, sin esperar más, les informé de la situación del sector ocupado por mis fuerzas y del estado de estas. Les conté que la 11 división había tenido un 50 % de bajas, con varios casos de combatientes que se habían vuelto locos y terminé pidiendo que la división fuera relevada y se les diese a los hombres dos o tres días de descanso para que pudieran bañarse y dormir sin sentir sobre sus cabezas noche y día el ruido de los disparos artilleros y el de los motores y las bombas de la aviación. Dije todo esto de pie, firme, casi sin poder tenerme de cansancio y cuando terminé, Prieto se levantó, tomó un último sorbo de champaña y dijo: “bueno, como esto es una cuestión entre militares, yo me voy a echar una siestecita”, y levantando la mano con aire cansino, agregó: “que haya suerte, Líster, y salió del comedor. Miaja, con aire no menos cansino que el de Prieto, me dijo que comprendía lo justa que era mi petición, pero que fuese a ver a Rojo. Conté a Rojo mi conversación y éste me dijo que estaban preparando un contraataque con la 14 división y que si resultaba bien, mi división podría ser relevada. Me pedía que resistiéramos dos o tres días más.    
Por su parte, esto  escribió Modesto en sus “Apuntes para la historia de la Guerra Nacional Revolucionaria”:
48 horas antes del comienzo de la maniobra de Brunete, en la reunión habida en el Canto del Pico, los comunistas propusimos iniciarla de noche y con la marcha simultánea de los dos cuerpos (V y XVIII). Estos debían penetrar en la defensa enemiga y una vez situadas en el interior del dispositivo, caer con el alba por sorpresa y simultáneamente sobre sus centros de resistencia principales, para en unos casos tomarlos y en otros dejarlos vigilados con las menores fuerzas posibles, profundizando con el grueso de nuestros efectivos en busca de los objetivos más lejanos. Pero esa proposición fue rechazada por el jefe del XVIII CE y a su vez, el jefe del Ejército (general Miaja), con una negligencia sorprendente, dejó que cada una de las dos grandes unidades actuara con arreglo a sus propios planes, sin intervenir ordenando lo que considerara más conveniente. Esto representó una importante laguna que, de no haberse producido, hubiera permitido éxitos iniciales más sustanciales. 
Poco más adelante, hablando de las horas inmediatamente posteriores a la toma de Brunete por Líster en la madrugada del 6 de julio dice:
…y es en ese momento cuando se sienten de manera más aguda y acuciante los efectos negativos de la falta de cooperación de las unidades del V y XVIII cuerpos de ejército y, además, la falta de dirección operativa del jefe del XVIII cuerpo (Jurado) y del jefe del Ejército (Miaja). Estos actuaban de forma esquemática y todavía se mantenían aferrados a sus planes primitivos, desistiendo de aprovechar, cuando les fue propuesta, la magnífica situación creada por el avance de las unidades del V CE y la liberación de Brunete.
Mucho más claro es incluso su párrafo final, que guarda para las conclusiones definitivas sobre la batalla de Brunete:
… en la operación de Brunete se pusieron de manifiesto una serie de debilidades que conviene indicar y que son precisamente las contrarias a las que suelen señalarse, porque a menudo cuando se trata de nuestra guerra, los que enfocan sus episodios combativos no suelen buscar como responsables (de los malos resultados) las raíces que los engendraron, sino el defecto de este u otro momento de la lucha, de tal o cual unidad etc, pero esto es injusto y falso. En lo que se refiere a Brunete, la debilidad más sobresaliente de la operación estuvo representada por la actitud asumida, desde su inicio hasta sus finales, por el alto Mando republicano, o más propiamente dicho, por el jefe del Ejército (general Miaja) y por el jefe del EMC (coronel Rojo). Esta debilidad principal de la operación consistió en que, a pesar de la concepción ofensiva que la inspiraba y de la alta moral de los combatientes, a la batalla se le imprimió desde arriba un espíritu defensivo que frenó nuestro avance en el periodo inicial. (…) El Mando del Ejército no estuvo a la altura de la situación y enfrentó la operación con excesiva cautela, imprimiéndole un carácter defensivo, contradictorio con el ofensivo que se necesitaba y contemplaban nuestros planes.    
Brunete fue una prueba durísima para los republicanos y para sus asesores, técnicos y combatientes soviéticos. Como ejército salieron vivos pero muy tocados de una batalla de 20 días de duración en la que se enfrentaron a lo mejor del Ejército franquista, a los capacitados mandos alemanes de la Legión Cóndor y a las aviaciones y artillerías de las dos potencias fascistas que habían enviado unidades regulares completas a España. Por ambas partes, el material cobró una importancia extraordinaria por número y por calidad, y sobre el terreno se pudo ver otra vez a un a Ejército popular tenaz y resistente en el combate defensivo, pero todavía poco preparado para la ofensiva. En cuanto a los mandos de los escalones medio y bajo, independientemente de que su actuación resultara buena, mala o regular, tuvo mayor impacto la pérdida de comandantes, oficiales, comisarios y suboficiales veteranos que la ganancia en experiencia de los que todavía necesitaban madurar, a muchos de los cuales luego fue necesario ascender prematuramente para cubrir bajas. Por otra parte, en el alto Mando y en los Estados Mayores quizás sí se pudo ganar en pericia, cohesión y conocimientos, pero al precio de erosionar seriamente las unidades y de perder mucho material valioso, sobre todo por el difícil reemplazo que este tenía en medio de la No Intervención vigente. De esta forma, globalmente apenas se pudo notar una mejora sensible en la ejecución de las siguientes operaciones ofensivas emprendidas: Belchite y Teruel.  Brunete habría sido una ofensiva lanzada prematuramente a la que sus máximos responsables: Negrín, Prieto y Rojo se vieron prácticamente empujados para no dejar  al norte republicano abandonado a su suerte. 
Considerando todo lo expuesto hasta ahora, mi opinión personal es que parece haber partes de razón en todos los informes y testimonios. Centrándonos en el que parece más crítico, el de Modesto, incluso dándole la razón habría que recordar que la “excesiva” prudencia que atribuye a Miaja en la fase inicial de la batalla seguramente  contribuyó a salvar al Ejército de Maniobra de extenderse hasta Villaviciosa de Odón, o incluso hasta Alcorcón, lo que hubiera supuesto tener que combatir sobre unas líneas largas y débilmente guarnecidas, dispuestas además sobre un terreno llano y de muy difícil defensa. Si se asume que desde el primer momento falló el ataque secundario a cargo del Cuerpo de Ejército de Vallecas, que no existían reservas suficientes para relevar a las unidades más desgastadas y que siempre faltaron vehículos para hacer los abastecimientos y las evacuaciones, de poco les hubiera servido a los republicanos obtener algún triunfo inicial más, porque de cualquier modo en un breve plazo iban a tener que vérselas con los contraataques generales franquistas, que contaron con la superioridad aérea y con las tropas fiables y numerosas traídas a toda velocidad del norte (sin que hubiera guerrilleros que sabotearan el ferrocarril y las carreteras que les permitían llegar a Ávila y desde ahí, al entorno de Brunete) 
Visto por un lado el peligro inminente que se cernía sobre el frente norte y por otro el desgaste sufrido por el Ejército popular, al que se le exigió más de lo que este podía dar en ese momento, es evidente que los máximos jefes políticos republicanos y al jefe del EMC tuvieron que tomar una decisión muy difícil y cometieron un error al calibrar las posibilidades y capacidades propias. Según parece, creyeron más de lo aconsejable en la posibilidad de obtener una victoria decisiva, en lugar de prepararse para sostener una guerra prolongada ya desde ese verano de 1937, y no como se tuvo que hacer, desde el de 1938. Esta opción suponía trazar una estrategia destinada a “no perder” en lugar una basada en la posibilidad de vencer, al menos hasta que se completara la instrucción de todas las unidades propias y se constituyeran mejor sus mandos y sus EEMM. Por norma, plantear una batalla decisiva es un lujo que solo se pueden dar los ejércitos y los países poderosos, que cuentan con aliados internacionales, una oficialidad fiable y numerosa y un buen respaldo industrial y económico que garantiza los suministros. Por el contrario, los ejércitos populares, humildes, revolucionarios o en fase de consolidación, no tendrían otro camino que aceptar el conflicto prolongado y de desgaste lento del enemigo como la mejor (o única) posibilidad de victoria. Esto implicaría combinar la lucha de un ejército regular con la de un fuerte contingente guerrillero que operara en la retaguardia enemiga, además de movilizar a la población y los recursos de una manera más intensa que lo se hizo. Si se asume esto, el mayor problema que habrían tenido la dirigencia política y militar republicanas habría sido el de elegir una estrategia inadecuada para conducir la guerra impuesta por los sublevados y sus aliados. Batallas ofensivas con el planteamiento tan optimista de Brunete (julio) o Belchite (agosto) tendrían que haber tenido lugar más tarde que en 1937. 
El Canto del Pico no fue testigo del levantamiento del cerco de Madrid ni de la batalla que permitiera salvar al norte republicano. Por el contrario, tras la guerra pasó a ser propiedad personal de Franco, recibida de manos de su anterior dueño, el conde de Las Almenas, en 1941. Todo un símbolo del curso que tomaron los acontecimientos desde aquel verano de 1937, seguramente el momento menos desfavorable para los republicanos en toda la guerra.

Ernesto Viñas