sábado, 8 de agosto de 2015


El hospital de la calle Cartagena 121, barrios de La Guindalera y Prosperidad.






Iniciado julio de 1937, dentro del Ejército del Centro republicano, el límite entre sus cuerpos de ejército I y II estaba situado cerca de Las Rozas, concretamente entre la carretera de La Coruña y la esquina SO de El Pardo. Los citados cuerpos I (divisiones 1, 2 y 3) y II (divisiones 4, 6 y 18) tenían por misión defender sendos sectores definidos del frente, por lo que sus fuerzas no tomaron parte en la ofensiva de julio, sino que se mantuvieron fijas en sus trincheras, que en el caso del II cuerpo estaban en las cercanías y en el interior de la cuidad de Madrid. La operación ofensiva que conocemos como batalla de Brunete fue encargada por el Mando republicano a dos agrupaciones de fuerzas que se crearon el día 2 de julio con carácter temporal y solo para este fin específico: el Ejército de Maniobra (cuerpos de ejército V y XVIII) y el cuerpo de ejército de Vallecas.
El Ejército de Maniobra, del que hemos hablado en muchas ocasiones, contó como fuerzas de primera línea con seis divisiones, llevó el peso fundamental de la ofensiva y atacó partiendo desde posiciones pertenecientes al I cuerpo de ejército (zona de Valdemorillo a Colmenarejo).
El cuerpo de ejército de Vallecas, al que por fin le dedicamos un poco de nuestra atención, estuvo formado por las divisiones Gallo (brigadas mixtas 6, 7 y 21) y Bueno (brigadas mixtas 19 y 41), todas españolas. Su zona de ataque fue el barrio de Usera, que estaba incluido dentro del sector del II cuerpo de ejército, cuyos jefes superiores (tenientes coroneles Romero Jiménez y Otero Ferrer) lo eran también del recien creado cuerpo de ejército de Vallecas. Este último utilizaría para esta operación los servicios (sanidad, transportes, etc) pertenecientes al II cuerpo. Cuando se inició el ataque, a las 14 horas del día 6 de julio, las brigadas 21 y 41 estuvieron en las respectivas vanguardias de sus divisiones.
Como ya sabemos, la misión que se les encomendó al Ejército de Maniobra y al cuerpo de ejército de Vallecas fue la de romper las líneas franquistas que tenían delante y avanzar desde sus posiciones de partida hasta reunirse en el entorno de Leganés – Alcorcón, siendo el punto concreto de encuentro señalado el sanatorio de San José, que todavía existe y está pegado al actual barrio de La Fortuna, junto a la M – 40. En el caso del cuerpo de ejército de Vallecas, la orden que recibió del EMC fue la de empujar el frente del II cuerpo de ejército desde el río Manzanares hasta el arroyo de Butarque. Encontrándose cerca de Alcorcón, ambas agrupaciones republicanas estarían dejado encerradas dentro de una bolsa a las fuerzas enemigas que asediaban Madrid, las cuales, una vez aisladas de su retaguardia, podrían ser derrotadas o forzadas a rendirse en un tiempo relativamente corto. Aparte de este propósito principal, mediante esta maniobra de cerco el Mando republicano esperaba también poder poner fin a los bombardeos que la artillería franquista hacía diariamente sobre los barrios populares y la línea del frente urbano, causando una gran destrucción en los edificios y la muerte de muchos civiles, lo que constituía un crimen de guerra que prácticamente no tenía precedentes hasta entonces.
Dentro del panorama general de los preparativos para la ofensiva de julio, que como dijimos se lanzaría el día 6, uno de los muchos aspectos que se debieron planificar cuidadosamente fue el relativo a la evacuación y atención a los combatientes heridos, que se esperaban por cientos cada día. El frente del II cuerpo, en la zona donde debía atacar el cuerpo de ejército de Vallecas, estaba a pocos cientos de metros de la calle Antonio López y del inicio de la carretera de Andalucía. Los primeros objetivos de los republicanos, los mejor defendidos y más difíciles de tomar, estaban por tanto dentro del barrio de Usera y pegados a la carretera de Toledo. Esto supuso que la zona de los principales combates fuese el espacio existente entre el río Manzanares y la zona cercana a la actual plaza Elíptica, que entonces era semi urbana. Para atender las bajas previstas en el cuerpo de ejército de Vallecas se reservaron los hospitales del II cuerpo de ejército: los de la división 4 (en la plaza de Mariano de Cavia), división 6 (en La Elipa) y división 18 (calle Cartagena 121). Si las comparamos con las del Ejército de Maniobra, las evacuaciones de este sector resultarían más cortas y sencillas, lo que sin duda ayudó a salvar la vida de muchos heridos. 
Es necesario señalar que si esta ofensiva republicana es conocida como batalla de Brunete es porque no se llegó a materializar el cerco antes mencionado y porque en la zona del cuerpo de ejército de Vallecas los combates solo duraron cuatro días (del 6 al 10), mientras que en el otro sector, entre el Guadarrama y el Perales, estos se prolongaron durante 20 jornadas. En Usera los republicanos atacaron reiteradamente el vértice Basurero, el cerro Blanco, el Ventorro de los Pájaros y la carretera de Toledo, pero no consiguieron romper las líneas enemigas por ninguno de estos puntos, y mucho menos alcanzar su retaguardia.
Seguramente en futuros artículos volveremos a intentar relatar las operaciones que sostuvieron las divisiones de Gallo y Bueno empleando finalmente a las brigadas 7, 19, 21, 36, 41, 42, 43 y 49, pero ahora nos conformaremos solo con intentar sacar del olvido a uno de los tres centros sanitarios antes mencionados: el entonces hospital de la 18 división, situado en la calle Cartagena 121, cercano por tanto a la actual Avenida de América. Hoy este hospital sigue existiendo como clínica privada Quirón San José, de Cartagena 111, últimamente famosa por la relevancia de alguno de sus pacientes.
El informe que terminada la ofensiva elaboró el jefe de los servicios sanitarios del cuerpo de ejército de Vallecas (parece que su nombre era Ramón Roldán) dibuja un marco general de medios disponibles siempre escasos en relación con las necesidades calculadas. En esta memoria se afirma que, justo antes del inicio de la ofensiva, el hospital de la 18 división era el más importante de los tres que dependían directamente del II cuerpo de ejército, pues disponía de 250 camas y de dos equipos quirúrgicos aptos para atender heridos graves (habría entonces 28 hospitales militares o "de sangre" en Madrid). 
Cada uno de estos equipos quirúrgicos podía operar a un herido grave o a dos leves cada hora, y su capacidad de trabajo ininterrumpida se calculó en ¡30 horas!, explicadas por el entusiasmo y juventud de los cirujanos y los asistentes que los formaban. Aún así, se concluyó que la capacidad conjunta para realizar intervenciones quirúrgicas de los tres hospitales divisionarios, aún exigiéndose a los equipos hasta la extenuación, era muy inferior a la requerida para atender las bajas previstas (calculadas en 1.150 a 1.250 entre heridos leves, heridos graves y muertos solo el primer día de lucha), por lo que se hizo necesario reforzar las capacidades de los tres hospitales. Al de la 18 división, del que sabemos que contaba con el doctor Cienfuegos, fue agregado el doctor Sánchez Bresmes y los capitanes médicos Chamorro y Damia (o Denia). Se dispuso también que, si estos tres centros divisionarios se veían desbordados, los heridos debían ser trasladados al hospital militar nº 4 (antiguo hospital Provincial, actual centro de arte contemporáneo Reina Sofía, situado en Atocha).
Para realizar los traslados necesarios desde la línea de fuego a los puestos de socorro de los batallones y puestos de clasificación de las brigadas se contaba con los camilleros y sanitarios de las brigadas y sus unidades subordinadas. Los posteriores traslados entre los puestos de clasificación y los hospitales (distantes una media de 6 kilómetros) quedaron en principio a cargo de 25 ambulancias, 8 coches ligeros y 4 autocares, que juntos tenían capacidad para realizar 2.158 evacuaciones diarias.
En ruta hacia el hospital de la 18 división, una vez que las ambulancias que partían de los puestos de clasificación alcanzaban la plaza de Legazpi, debían circular por el paseo de Delicias, la glorieta de Atocha, el paseo del Prado, Recoletos y Castellana hasta su cruce con López de Hoyos (donde está la estatua de Castelar) y por esta última calle, seguir hasta Cartagena 121 (actual 111). Se asumía que el tráfico diurno de todas estas ambulancias con un recorrido pautado causaría dos grandes inconvenientes: atraería el fuego de la artillería enemiga y afectaría a la moral de los madrileños que contemplaran el reguero de heridos evacuados, pero la prioridad absoluta para el Mando de la sanidad militar era acortar al máximo el tiempo que mediaba entre la recogida del herido en la línea de fuego y su entrada al quirófano, pues de eso podía depender su vida. Estaba previsto que el hospital de la 18 división recibiera solo heridos graves, preferentemente de la 41 brigada mixta, y si resultaba necesario, los del mismo tipo de las brigadas 6, 7 y 19.
Además de los informes de los otros escalones sanitarios, los directores de cada hospital divisionario tendrían que remitir al Mando cada dos horas un parte con el número de heridos ingresados, especificando cuantos habían sido ya asistidos y cuantas camas quedaban vacantes. En partes diferenciados se debían consignar los automutilados recibidos (lo que interesaba a la justicia militar) y los heridos evacuables de inmediato, que estarían divididos en dos categorías: recuperables en menos de 10 días y recuperables en más de 10 días, lo cual determinaba cual sería su nuevo hospital de destino. 
Cuando el día 10 de julio el Mando republicano decidió suspender la acción a cargo del cuerpo de ejército de Vallecas para concentrarse en la dura batalla que estaba teniendo lugar en torno a Brunete, seguramente los hospitales de las divisiones 4, 6 y 18 empezaron a atender también heridos pertenecientes al Ejército de Maniobra, que por su número y gravedad ya estaban llegando a todos los centros disponibles en Madrid. Seguramente el mes de julio de 1937 fue uno de los más difíciles y exigentes de toda la guerra para la sanidad militar republicana de Madrid, ya que el número de bajas de todas las unidades, ya estuvieran implicadas en la batalla de Brunete o en la cobertura de los sectores próximos, posiblemente se acercaron a las 30.000, lo que da una idea de la magnitud del drama que se vivió en la retaguardia de las zonas de combate y del monumental esfuerzo que desplegaron quienes formaban parte del servicio sanitario militar. En la memoria del jefe de la sanidad del cuerpo de ejército de Vallecas se valora que los tres hospitales divisionarios desempeñaron perfectamente la gigantesca labor que la ofensiva propia les impuso, lo que significó por ejemplo que solo durante los primeros cuatro días de combates tuvieran que hacerse cargo de cerca de 1.800 bajas provenientes del sector de Usera. 
Hoy el actual hospital privado de la calle Cartagena 111 parece técnicamente puntero y seguramente tiene equipo, profesionales y tiempo de sobra para atender de la mejor manera a sus actuales pacientes (¿o deberíamos llamarlos clientes?). Lo que no tiene este centro es ni una simple placa en su fachada que mencione el vínculo que une a su edificio más antiguo con la guerra civil y con la defensa de Madrid, o los nombres de los cirujanos que seguramente batieron todos los record de la profesión salvando vidas y recomponiendo cuerpos heridos por la metralla, las balas o las quemaduras. A pesar de esto, es posible que muchos de nosotros conozcamos este hospital. Fue el lugar donde hace poco tiempo decenas de periodistas y cámaras hacían guardia durante horas en su puerta aguardando el último parte médico del ciudadano Juan Carlos de Borbón, anterior rey de España, quien tenía entonces mal la cadera por haber sufrido varios accidentes laborales esquiando y una desafortunada caída mientras cazaba elefantes en África. 
Los tiempos cambian continuamente, y la memoria republicana que habita en tantas esquinas de Madrid no se pierde, sino que inesperadamente sigue saliendo a la luz a pesar de los esfuerzos por borrarla hechos durante la dictadura, la Transición y los años presentes. 
Quien sabe si esa memoria resistente nos traerá inspiración...
Ernesto Viñas y Sven Tuytens.

Para leer más sobre este tema podeis entrar en "Primer Ejército de Maniobra" y acceder a las monografías que tratan sobre el cuerpo de ejército de Vallecas y la Sanidad Militar republicana durante la batalla de Brunete.






























viernes, 10 de julio de 2015

Abriendo la Maleta Mexicana, parte 1. Gerda Taro en Quijorna


Ya hace algunos años, concretamente seis, que conocimos la magnífica noticia del descubrimiento de la “Maleta Mexicana”, que guardaba unos rollos fotográficos de incalculable valor histórico y afectivo originarios de tres fotoperiodistas que presenciaron la GCE y se implicaron en ella del lado del gobierno y el pueblo republicano en armas.

Seudónimo Capa

Estos tres fotógrafos fueron “Chim”, André Friedmann y Gerda Pohorylle, o Gerda Taro. Estos dos últimos eran judíos y respectivamente húngaro y alemana. Tenían por tanto sobradas razones personales, además de las políticas, para plantarle cara al fascismo que avanzaba en Europa y estaba siendo combatido en España por el ejército popular. Gerda, de 26 años de edad y André, de 23, estando en España fueron los creadores del seudónimo común a ambos “Robert Capa”, con el que conseguían mejor recepción a sus fotos y noticias en los medios gráficos europeos y norteamericanos, mediante los cuales intentaban denunciar, además de la crueldad de la guerra española, la evidente injerencia en la misma de las potencias fascistas, Italia y Alemania, y la inacción cómplice de los países “democráticos” agrupados en el Pacto de No Intervención, liderado por el Reino Unido, la potencia hegemónica de entonces.

Jornada final de la batalla de Brunete

A Gerda Taro prácticamente la podemos considerar como la primera fotoperiodista que en la historia moderna de la guerra se atrevió a estar y trabajar en primera línea durante los combates, un hecho que, además de preocupar a los oficiales republicanos en cuyas unidades se metía, terminaría por costarle la vida durante la jornada final de la batalla de Brunete. Por la intención y la elección de los protagonistas de sus fotos, Gerda Taro merece ser considerada como una verdadera brigadista internacional, tan valiente y firme en sus convicciones como el que más.

Poco interés

Si ya era bien conocido desde mucho antes de la aparición de la Maleta Mexicana que Gerda Taro - o medio Robert Capa – había estado y había muerto en la batalla de Brunete, la visión de todas las fotografías que ella tomó aquí, además de otra valiosa información, nos permitió conocer mucho más sobre los lugares concretos en los que estuvo y, de una manera más imprecisa, en qué momento de la batalla pudo pisar cada escenario fotografiado. Intentar descubrir estos datos constituye una tarea apasionante, para la que se requiere un buen conocimiento tanto de la evolución de las unidades republicanas y los combates que sostuvieron, como de la geografía y morfología del campo de batalla. Nos parece que el ICP (International Center of Photography, de Nueva York), dueño y administrador de los negativos pertenecientes a la batalla de Brunete, ha hecho un gran trabajo en lo referente a la difusión de los mismos, pero ha fallado clamorosamente en el tema de mostrar interés por la localización física y temporal de lo que aparece en ellos, a pesar de que les ofrecimos en su momento nuestra colaboración. Es ante esta tarea difícil donde tenemos un hueco los investigadores locales y pegados al terreno, los que llevamos años investigando datos vitales para entender esas fotos, datos como por ejemplo, dónde estuvieron los frentes, por dónde pasaban y cuales eran los caminos existentes y cómo eran estos pueblos antes de su destrucción.
A la inacción del ICP se ha sumado el incomprensible desinterés mostrado por las instituciones españolas, especialistas en llegar casi siempre tarde en lo referente a la preservación del patrimonio cultural común. A ellas les correspondía implicarse de lleno en el estudio de estas fotos y en la protección de estos paisajes, pero en su lugar, han tenido que ser las aportaciones de algunos investigadores aficionados las que han atendido esta necesidad de saber. La prueba de esto está en internet.

Iglesia de Quijorna

Nuestro grupo de estudio, Brunete en la Memoria, quiere sumarse ahora a este esfuerzo no institucional de una forma más visible, publicando lo que hemos ido averiguando desde que vimos por primera vez estas fotos.
En esta primera entrega, hemos estado en Quijorna, donde volvimos a enfocar la puerta trasera (N) y la torre de su iglesia desde casi el mismo metro cuadrado en el que se debió situar Gerda al hacer las fotos originales durante la que sería su primera visita al campo de batalla. Estamos convencidos que eso ocurrió durante el día 9 de julio o apenas después. Mediada la mañana de esa jornada de 1937, las fuerzas republicanas finalmente habían podido ocupar Quijorna tras asaltarla durante tres días. La torre de esta iglesia quedaría totalmente destruida en los días siguientes por causa de los bombardeos aéreos y artilleros del ejército franquista en su afán por recuperar el pueblo perdido. Los soldados que aparecen en la puerta de la iglesia seguramente pertenezcan a la 10 brigada mixta de la 46 división, mandada por El Campesino.




Plaza de la 5ª Bandera

Vale la pena mencionar que, lejos de conocerse o valorarse la presencia de Gerda Taro en Quijorna, la plaza que queda detrás de su iglesia todavía se llama de la 5ª Bandera (de Falange) y según nuestros cálculos, el preciso lugar donde ella debió ponerse al sacar una de sus fotos, está ocupado desde los años de la dictadura franquista por un monumento a las tropas “nacionales” que defendieron Quijorna frente al ataque republicano. Este monumento en cierto modo se hizo famoso en 2013 por ser el lugar elegido por el gobierno local (del PP) para hacer un homenaje a esos defensores de Quijorna. lo que tuvo una apreciable repercusión en varios medios españoles e internacionales.


Salvo los muros de la iglesia, el actual pueblo de Quijorna es totalmente nuevo (posterior a la guerra), pero en sus alrededores, el llano, la sierra y el valle del río Perales, mantienen tanto su belleza original como la presencia de muchos discretos restos bélicos que lo convierten en un lugar del máximo interés histórico e ideal para convertirse en el punto de inicio o final de la futura ruta de Gerda Taro, de la que hablaremos más adelante y para la que nos ofrecemos como guías.


Abriendo la Maleta Mexicana, parte 2. Gerda Taro en el río Guadarrama



En nuestra penúltima entrada en este blog, parte de sus fotos muestran al grupo que hicimos la 9ª marcha memorial de la batalla de Brunete cuando estábamos refugiados del sol abrasador bajo los árboles que flanquean el curso del Guadarrama, pegados al puente de la carretera que lleva a Boadilla del Monte.
Recién publicada la nueva guía sobre las BBII (en la batalla de Brunete), no necesitaremos movernos mucho de ese punto del río para volver a hablar de Gerda Taro, una “brigadista” especial, que sin estar encuadrada en ninguna unidad militar concreta, trabajaba para la victoria republicana disparando su cámara de fotos en vez un arma de fuego. Su diana no eran los soldados o las máquinas de guerra del ejército franquista, sino las conciencias de los europeos, que mayoritariamente no veían, o más bien no les dejaban ver, gracias a la “No Intervención” que estaban acercándose peligrosamente al abismo por causa del ascenso y fortalecimiento impunes de los fascismos alemán e italiano, que ya actuaban entonces abiertamente en España.
     Valorando su gran aportación a la causa republicana, que finalmente le costó la vida, volvemos a abrir la Maleta Mexicana para intentar identificar los lugares, los individuos y los grupos que Gerta fotografíó en julio de 1937 y que en muchos casos permanecieron ocultos hasta hace pocos años. Tras haber puesto nuestra atención hace unos meses en las fotos de Quijorna (parte 1), ahora nos centrarnos en las imágenes que parecen haber sido tomadas en el Guadarrama.

     Estamos escribiendo  esto siendo las cuatro de la tarde del seis de julio de 2015. Hace exactamente 78 años, a esta misma hora, el ruido del combate y el olor a pólvora y trilita que se expandía desde Villanueva de la Cañada posiblemente alcanzaba ya el vado del camino vecinal que unía los antes tranquilos pueblos de Brunete y Boadilla del Monte, convertidos a punto de cumplirse el primer aniversario de la guerra en objetivos de una impetuosa ofensiva republicana.
     Según preveían los planes del Ejército de Maniobra, justo 78 años atrás, a esta misma hora las vanguardias de su 15 división ya debían ser dueñas de los vértices de Mosquito y Romanillos, y posiblemente ya también  debían estar dentro de Boadilla del Monte y Villaviciosa de Odón. Nada de eso se pudo conseguir, pero aún así, buena parte de los movimientos que se hicieron para intentar esos avances en dirección Alcorcón  pasaron por el mismo lugar de nuestro reposo a la sombra de los chopos en 2015. Volvemos allí.


Foto 1: Esta primera fotografía evidentemente no es de Gerda Taro. Fue hecha desde un aparato alemán, italiano o español perteneciente al campo sublevado y que cumplía una misión de observación (y posiblemente también de ametrallamiento o bombardeo) sobre la zona republicana cercana al frente. Lo que podemos ver desde una perspectiva vertical es el vado del Guadarrama que ocuparon y cruzaron repetidas veces las fuerzas de la XV brigada internacional entre los días 7 y 23 de julio. Las órdenes republicanas que se refieren a este lugar del río hablan tanto de puente como de vado, y la razón de este equívoco sería que ese era históricamente un vado, pero seguramente antes de comenzar la guerra, existía allí un puente en construcción, del que solo se habrían podido terminar los basamentos de los extremos y quizás algún pilar intermedio. El verano de 1936 seguramente vio detenerse las obras, que posiblemente algunos mapas ya daban por concluidas. Esos mismos pilares, quizás mejorados años después, serían los que permanecen ahora junto al puente nuevo, más práctico que el que estaría construyendo la República en los años 30, pero también mucho más feo e impersonal.





Fotos 2 y 3: No tenemos una seguridad total, pero después de darle muchas vueltas y pasar tiempo observándolas, estamos convencidos que estas dos fotos corresponden al mismo vado del Guadarrama del que hablamos antes, o a algún punto cercano. Ningún arroyo o río que no fuese el Guadarrama debía tener agua entonces en pleno julio, y en el caso de este último, ese verano permanecían solo charcos en lugar de caudal (ya que, aunque llovía más que ahora, las precipitaciones eran también muy estacionales y no existían embalses: la presa del El Gasco nunca funcionó y Molino de la Hoz es posterior a la guerra). Los árboles que se ven al fondo serían los altos pinos que abundan en la base del cerro Mosquito, que ya estaban allí. Esta foto podría haber sido tomada durante la segunda visita de Gerda Taro a este campo de batalla, posterior al día 14 de julio (en esa fecha ella habría estado en París). De ser así, los soldados que aparecen en las fotos pertenecerían a las brigadas XV o 16, las únicas presentes en esa zona mediada la batalla. La 16 estaba en primera línea y la XV replegada sobre el valle del Guadarrama, descansando y en situación de reserva entre la confluencia con el Aulencia y el propio vado del que hablamos.




Fotos 4, 5, 6, 7 y 8: Estas fotos, que en el rollo de negativos están pegadas a las anteriores (indicando que fueron tomadas a continuación) muestran a un mismo grupo de soldados con aspecto extranjero descansando en un lugar sombreado, bajo árboles que por su porte seguramente son de ribera, por lo que deducimos que están cerca del río Guadarrama. En tres de estas fotos vemos al periodista Fred Pitcairn (con seudonimo Claud Cockburn) del periodico del Partido Comunista Británico el Daily Worker, y a Fred Copeman, oficial del batallón Británico de la XV brigada internacional. Entre los días 14 y 22 de julio la XV brigada (y nominalmente también la XIII) fue replegada de la primera línea sobre Romanillos - Mosquito y establecida como unidad de reserva del XVIII cuerpo de ejército, ocultándose de las vistas del enemigo sobre la orilla O del Guadarrama, donde sus hombres podían recuperar fuerzas y, si era necesario, desplazarse rápidamente a cualquier punto del frente que les correspondía reforzar, como así pasó en varias ocasiones. En todas estas fotografías se percibe un ambiente distendido que en parte parece motivado más por la presencia de la atractiva Gerda Taro que por la amabilidad de la situación que estos hombres estaban viviendo.






domingo, 28 de junio de 2015


"A veces en mis sueños escucho conversaciones en varios idiomas entre mandos de las Brigadas Internacionales"

Este sábado, día 27 de junio, tuvo lugar la novena marcha conmemorativa de la batalla de Brunete.

Tuvimos el gran honor de contar con la participación de Patricio Azcárate (Londres, 1920). A pesar de sus 95 años y bajo un sol de justicia de más de 35 grados, nos contó su experiencia durante la guerra de España.

Patricio Azcárate tenía 17 años cuando se incorporó como voluntario republicano al Ejército del Ebro y fue destinado como secretario/ayudante del jefe del Estado Mayor, coronel José Sánchez Rodríguez. Hijo de una familia de la burguesía liberal, tiene entre sus ascendientes familiares a su tío abuelo, Gumersindo Azcárate, uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza, y a su padre, Pablo de Azcárate, secretario general adjunto de la Sociedad de Naciones en Ginebra y, posteriormente, embajador de la Segunda República en Londres durante la Guerra Civil. Finalizado el conflicto, Patricio Azcárate se trasladó a la capital británica donde cursó estudios de Ingeniería Eléctrica. Patricio después de la marcha nos comenta: “El hombre se adapta a todo. Para mi los bombardeos de Londres me parecían poca cosa comparado con los bombardeas que viví en España.”



















Laura Kasinof, nieta de Benjamin Kasinof, brigadista Americano de la Brigada Lincoln, herido en la Batalla de Brunete el 23 de julio 1937, hablando con Patricio Azcárate. 
Patricio con una sonrisa, le comenta a Laura : « A lo mejor me he cruzado con tu abuelo en el Ebro, pero había tanta gente…"                                                                                                                    



Durante su exilio, residió en el Reino Unido primero y luego en Francia, Checoslovaquia y Austria. Regresó a España en los años cincuenta y actualmente reside en Alicante. Sigue escribiendo artículos sobre política internacional y participa en distintos foros de debate. Como secretario/ayudante del Jefe del Estado Mayor, actuó como interprete con los voluntarios extranjeros y conoció personalmente a la mayoría de los jefes del Ejército del Ebro: Modesto, Lister, Tagüeña. Su tío, el coronel Patricio Azcárate (Pachi) fue inspector general del Cuerpo de Ingenieros, autor del diseño de los puentes que se construyeron sobre el río.
                                                                                                                           
Gracias por su visita Patricio.

Sven Tuytens y Ernesto Viñas