miércoles, 8 de marzo de 2017
jueves, 26 de enero de 2017
Brigadas Internacionales: ¿fuerzas de choque o carne de cañón?
Antecedentes.
La II República aguantó
una guerra de casi tres años contra un ejército mucho más
consolidado, el franquista, que además de tener la iniciativa,
grandes recursos financieros y la complicidad del mundo capitalista,
contó con el apoyo de las armas más modernas y con unidades
regulares de otros ejércitos que superaban al español en potencia:
CTV y Legión Cóndor, a los que debe sumarse una formidable fuerza
de infantería constituida por miles de combatientes rifeños a
sueldo.
Por su parte, careciendo
de almacenes llenos de armas o de una industria que pudiera
producirlos, el gobierno y las organizaciones republicanas, por
contar con las reservas de oro, pudieron recurrir a la compra de
material bélico de primera (y segunda) calidad a la URSS. Recibieron
también entre 35 y 50.000 combatientes voluntarios internacionales
que fueron encuadrados en seis brigadas XI, XII, XIII, XIV, XV y CL.
Estos dos recursos fueron vitales para el Ejército Popular
Republicano (EPR), pero si algo fue determinante para permitir su
existencia durante casi 33 meses, fue su capacidad para ponerse en
pie nuevamente tras cada batalla de desgaste o derrota que tuvo que
afrontar, logrando incluso alcanzar algunas victorias en medio de una
guerra muy desfavorable, tanto dentro de España como en el terreno
diplomático. Esto se consiguió, entre otras cosas, con mucha
determinación, esfuerzo y sacrificio por parte de los combatientes.
El hecho de que demasiadas veces estos afrontaran a la lucha sin
posibilidades de vencer o siquiera de mantener sus posiciones no
significa que por sistema fueran lanzados al combate de cualquier
manera. Por el contrario, la II República hizo todo lo posible por
movilizar, organizar, armar e instruir, un verdadero ejército, pero
evidentemente faltaron unidad política, recursos y tiempo para
alcanzar un nivel más alto. En ese contexto, los brigadistas
vinieron para darlo todo, y eso fue exactamente lo que se les exigió.
Asumieron el peligroso compromiso de ser la vanguardia del
antifascismo y pagaron un precio enorme en vidas, igual que muchas
otras unidades españolas. Estoy convencido de que esto resultó
completamente inevitable a la vista de los parámetros que rigieron
la resistencia republicana y el papel cómplice de las “democracias”
respecto al campo sublevado.
Por las anteriores
razones, personalmente rechazo el término de carne de cañón
aplicado a las BBII o a cualquier otra unidad republicana que
combatiera junto a ellas, pero sí creo que se deben analizar y
criticar los problemas y limitaciones que afectaron a los partidos y
organizaciones del campo republicano, así como la estrategia seguida
por Negrín, Prieto, Rojo y el alto Mando del ejército popular.
Dentro de su limitada capacidad de maniobra, todos ellos determinaron
también cómo fue el empleo de los combatientes sobre la línea de
fuego, y como todo en la vida, seguramente eso se pudo hacer mejor,
pero no debemos olvidar que es muy fácil decirlo desde un sillón y
80 años después.
Vamos por partes:
Durante la II GM, la
Larga Marcha China, las luchas populares por la descolonización en
Asia y África y los movimientos guerrilleros del siglo XX en América
Latina, los insurgentes y/o los defensores de regímenes populares
similares a la II República española ya contaron al menos con
antecedentes y enseñanzas en las que apoyarse para organizar y
conducir en la guerra a una guerrilla, una milicia o una fuerza
regular. Por el contrario, en el verano de 1936, cuando a las
organizaciones del Frente Popular les tocó movilizar y armar a sus
bases para enfrentar la sublevación militar reaccionaria y fascista
iniciada el 17 de julio, no se podían apoyar en ninguna de estas
experiencias. En ese momento la izquierda española prácticamente
estaba abriendo camino, ya que solo contaba con la limitada
experiencia militar propia que le brindó el fallido intento
revolucionario de 1934 y con un par de ejemplos en el marco europeo:
la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia y posterior guerra civil
contra los ejércitos blancos apoyados desde las potencias europeas,
y la insurrección de la Liga Espartaquista de enero de 1919 en
Berlín, que fue aplastada tras una semana de lucha callejera. En el
verano de 1936 la parte del pueblo español que apoyaba a la
República estaba haciendo algo realmente difícil: formar una fuerza
armada sobre bases ideológicas y organizativas totalmente nuevas en
la historia nacional. Que esta fuerza fuera capaz de resistir casi
tres años frente al ejército franquista y sus aliados fascistas
dice mucho del grado de éxito conseguido partiendo de cero.
En Rusia, tras el triunfo
bolchevique en 1917, la fuerza militar miliciana y revolucionaria,
llamada Guardia Roja, fue transformada en Ejército Rojo en un
proceso relativamente rápido. Lo exigía la necesidad acuciante
impuesta por la situación bélica (I GM en curso desde tres años
atrás, y luego la guerra contrarrevolucionaria) y lo permitía la
existencia de una dirección política fuerte y unida en torno a un
programa político claro y un partido único con líderes muy
visibles, capaces y carismáticos que no dudaron en aplicar las
mediadas coercitivas necesarias. En esas condiciones, la vida de los
combatientes sería seguramente extremadamente dura y peligrosa, pero
gracias a que el Ejército Rojo alcanzó unas cualidades
fundamentales en un plazo razonable, fue capaz de consolidarse y
vencer, permitiendo que el régimen soviético consiguiera
sobrevivir. La guerra civil que terminó en 1923 y dejó más de
5.000.000 de muertos la ganaron la tenacidad y el acierto del
gobierno bolchevique, la inmensidad del territorio y la inigualable
capacidad de sufrimiento de los distintos pueblos de la recién
creada URSS, fundamentalmente el ruso.
Situación de la
República Española tras el 18 de julio de 1936.
A diferencia de la Rusia
revolucionaria, que heredó del régimen zarista la participación en
la I GM (desde 1914), la España republicana se despertó frente a un
golpe de estado de julio de 1937 de un día para otro, de forma que
cuando este se produjo, el gobierno legítimo tuvo enfrente a un
enemigo organizado, que contaba con un plan y tenía apoyos
exteriores comprometidos, mientras que la base social leal solo
estaba en alerta, pero no movilizada, y mucho menos armada y
encuadrada. Por otro lado, la inmediata disolución del ejército
dictada por el propio gobierno provocó (en la equivocada creencia
que las tropas de los sublevados se desentenderían de la obediencia
a sus oficiales) que se desestructurase más todavía el ejército en
la zona leal, con lo que tuvo que emprenderse su reorganización casi
completa. La carencia de oficiales (y dentro de ellos, de oficiales
fiables), y sobre todo de suboficiales, debió ser incluso más aguda
entonces en España que en la Rusia de octubre de 1917, ya que allí
la guerra en curso había provocado la llamada a filas de miles de
obreros y campesinos. Aquí, en cambio, solo estaban en plantilla los
militares de carrera, que mayoritariamente traicionaron a la
República. A esto hay que sumar el rechazo hacia todo lo militar que
sentía buena parte del proletariado español, que durante años
había visto marchar a sus hijos a un servicio militar largo,
peligroso e injusto, que por un lado eximía a quienes podían pagar
una suma elevada (la cuota), y por otro enviaba a miles de jóvenes a
crueles guerras coloniales en el Riff que solo beneficiaban a
minorías privilegiadas con intereses económicos directos en esa
zona. Por último, hay que mencionar una situación de baja
tecnificación del ejército, generalmente escaso de medios
mecanizados y artillería, lo que a la hora del combate, obligaba a
emplear más intensamente a la infantería. Además de esto,
comenzada la guerra civil, durante los primeros meses, las
organizaciones crearon, instruyeron y dieron identidad a sus propias
unidades militares, con lo que la situación distó de ser la
necesaria para que existiera un mando único y un ejército
cohesionado y bien organizado, algo fundamental a la hora de cuidar
bien de los soldados.
Todos estos factores,
actuando juntos en grado diferente según el momento o la zona que se
tome en cuenta, provocaron que el nuevo ejército (regular)
republicano tardara mucho en nacer y madurar, lo que tuvo una
traslación directa a la forma en que progresaron las operaciones
sobre el campo de batalla, donde hasta entrado 1937 las milicias de
las diferentes organizaciones del Frente Popular pagaron un precio
muy alto en hombres, material y territorio por tener que combatir y
resistir sin constituir todavía un verdadero ejército.
En el campo republicano,
a la mejorable velocidad con que se efectuó la militarización de
las fuerzas, habría que añadir lo que podríamos considerar
limitaciones y errores en la estrategia general con que fueron
conducidas las operaciones después de terminada la batalla de
Guadalajara (final de la primera fase netamente defensiva en los
frentes del Centro, mes de marzo de 1937).
En primer lugar, a
diferencia de lo que ocurría en la parte sublevada, en la zona
republicana no hubo nunca una militarización de todos los aspectos
de la vida nacional. Dicho de otro modo, por causa de las
características culturales e ideológicas imperantes en el campo
republicano, la soberanía militar no se impuso del todo sobre el
ámbito civil, manteniéndose para este último una serie de
funciones y derechos que eran poco frecuentes de ver en otros países
en tiempo de guerra. Desde el punto de vista político y emotivo esto
sin duda otorgó un perfil único a la GCE dentro de la historia de
la humanidad, pero también afectó de manera directa al rendimiento
e intensidad del esfuerzo bélico y laboral que se pudo hacer en el
frente y en la retaguardia.
Por otra parte, además
de la forma en que se gestionaron ciertos recursos y la existencia de
un fuerte poder civil que se mantuvo durante toda la guerra en la
zona republicana, opino que en la esfera netamente militar, hubiera
sido posible seguir una estrategia más defensiva, orientada a
alargar todavía más la guerra en lugar de intentar ganarla, pues
las condiciones materiales y políticas (disposición de armas,
hostilidad exterior y falta de mayor unidad política) no lo
permitían. Contrariamente a esto, el gobierno y el alto Mando
republicanos se comportaron como si resultara posible derrotar a
Franco con las armas y fuerzas disponibles, razón por la cual
buscaron en más de una ocasión una victoria sobre él que cambiara
el curso de la guerra (la batalla decisiva). Así, comprometiendo
todos los recursos disponibles en varias ofensivas en campo abierto,
aceleraron el desfondamiento del ejército popular en lugar de velar
por su conservación y fortaleza, aún cuando esto hubiera supuesto
tener que ceder territorio más rápidamente frente al enemigo.
La doctrina militar que
Vicente Rojo había aprendido en sus años de carrera era la propia
del militar de un país europeo desarrollado que miraba
fundamentalmente a los bien instruidos y armados ejércitos francés
y alemán y no a la lucha popular prolongada, que entonces además
casi no contaba con experiencias prácticas en las que inspirarse. En
esa coyuntura, creo que el PCE, a pesar de que se ha dicho muchas
veces lo contrario, estuvo muy lejos de tener un poder absoluto sobre
el ejército y la conducción de la guerra, e incluso se esforzó por
estar al servicio de la legalidad republicana antes que maniobrar
para imponer sus tesis a fondo, siguiendo en esto las directrices de
la URSS, que mirando sus propios intereses, no quería asustar al
Reino Unido y Francia permitiendo un gobierno revolucionario o
“bolchevique” en España. En esa situación, a pesar de lo que
decía la propaganda franquista y de las quejas de Prieto, comparto
el punto de vista de los historiadores que afirman que no hubo tanto
poder comunista en el ámbito militar como se ha intentado hacer
creer.
La República siempre
defendió su territorio e intentó alargar la guerra en su fase final
para conseguir que se solapara con la inminente II GM, lo que hubiera
afianzado la idea de que España era solo la primera batalla de una
guerra europea causada por el fascismo. Salvando la rebelión
casadista, se resistió tanto como fue posible, pero desde un enfoque
de guerra destinada a sofocar una sedición interna, y no desde la
estrategia de guerra popular prolongada basada en la lucha de clases.
Asumir último esto último hubiera debido permitir concentrar todo
el poder en pocas manos (unidad política), movilizar más a fondo
todos los recursos disponibles en pro del esfuerzo de guerra y
priorizar la conservación de las fuerzas sobre la conservación del
territorio para luchar una guerra prolongada y orientada inicialmente
no a ganar, sino a no perder. En este caso, lo coherente hubiera sido
combinar la defensa de los frentes y ciudades con el sostenimiento de
fuertes contingentes guerrilleros tras la retaguardia enemiga; pero
en lugar de esto, se optó desde el verano de 1937 por el lanzamiento
de ofensivas de gran envergadura en campo abierto, y ahí parece
estar la clave del debate que nos ocupa: ¿fueron las BBII fuerza de
choque o carne de cañón?
Sostengo que en la fase
inicial y en la netamente defensiva de la guerra, hasta que terminó
la batalla de Guadalajara, la República gastó un tiempo precioso
para militarizar sus milicias, pero dadas la falta de unidad
política, la falta de una confianza plena en los mandos de carrera,
el fuerte antimilitarismo que sentían parte de los hombres
(fundamentalmente los anarquistas) y la escasez de armamentos, este
tiempo resultaba difícilmente reducible. La crítica podría hacerse
a partir del momento en que se dispuso de cierto margen de acción,
cuando podía elegirse entre auxiliar al norte desde una zona Centro
“tranquila” emprendiendo una ofensiva en Extremadura o en Madrid,
o infiltrando guerrilleros en la retaguardia enemiga. Entonces se
optó por lo primero, aún sabiendo que se tenía un ejército
todavía inmaduro. Disculpados los sacrificios extremos pedidos a las
unidades en los ocho primeros meses de guerra, fue la dureza de las
batallas ofensivas de La Granja, Brunete, Belchite y Teruel lo que
puede hacernos pensar por primera vez en un uso y abuso de las BBII,
al punto de vernos tentados de hablar de ellas como “carne de
cañón”. Luego, cuando tuvo lugar la retirada de Aragón, la
partición en dos de la zona republicana, la batalla del Ebro, y la
defensa desesperada de Cataluña, nuevamente ya no se pudo elegir.
Había pasado la fase de pasajero equilibrio militar (marzo de 1937 a
enero de 1938) que permitió soñar a los republicanos con la
victoria. Desde febrero de 1938, perdido otra vez Teruel e iniciada
la retirada de Aragón, nuevamente hubo que exigir a los hombres que
dieran de si el 150%, pero, como al principio de la guerra, solo para
evitar el colapso, no para pensar en ganar. Se había acabado el
frente norte, llegaban menos voluntarios internacionales y se
agudizaba la falta de armas por la política de No Intervención y
las severas pérdidas previas.
Conclusión.
Visto lo anterior, lo
primero que hay que decir es que un ejército que no tiene tiempo de
reclutar, encuadrar e instruir correctamente a sus hombres está
condenado a perderlos prematuramente cuando entran en combate, y eso
le pasó al ejército republicano. Por otro lado, la suerte de las
BBII (con un 50% de españoles) fue compartida por el resto de las
fuerzas de choque exclusivamente españolas, de forma que si hubo
trato de “carne de cañón”, lo sufrieron también decenas de
brigadas mixtas que combatieron en las grandes batallas. Si asumimos
que las brigadas internacionales y las brigadas de choque que
formaron parte de los sucesivos Ejércitos de Maniobra que se
formaron eran las mejores fuerzas de la República, es lógico que
siempre estuvieran en primera línea de los sectores más castigados,
ya que simplemente no tenían recambio.
Se pidió todo de estas
fuerzas y por norma estas lo dieron todo, pero no cabe hablar por eso
de trato de “carne de cañón” porque este concepto lleva
aparejado históricamente un desprecio racial o de clase social por
parte de los oficiales y los gobernantes hacia la tropa, lo que nunca
tuvo lugar en el ejército popular, donde por ejemplo, oficiales y
comisarios sufrían una tasa de mortalidad igual o incluso mayor que
las tropas. “Carne de cañón” es un término que podría
ajustarse mejor a cómo eran vistas las fuerzas coloniales que
tuvieron el ejército franquista y otros ejércitos europeos como el
francés y el británico, a las fuerzas de infantería en las
terribles batallas de la I GM o a los batallones disciplinarios en la
mayoría de ejércitos. Por contra, en la España republicana existió
como norma un respeto y una preocupación muy grandes por los
derechos y el bienestar de todos los combatientes, que se plasmó en
la constante lucha por que estos tuvieran cosas tan poco comunes en
otros ejércitos como: medios de expresión (se redactaba y editaba
prensa escrita y mural en cada unidad, incluso en las compañías);
acceso a la cultura a través de festivales de teatro, cine y
bibliotecas; lucha contra el analfabetismo; vigilancia de la
alimentación y salubridad de las chabolas usadas como vivienda;
lucha contra las enfermedades venéreas y asociadas a la falta de
higiene; actos de confraternización con la población civil; visitas
de delegaciones políticas, sindicales y culturales al frente, etc.
En el EPR el combatiente era un verdadero ciudadano en armas y un
camarada, independientemente de su grado militar o procedencia, algo
que pasaba entonces en pocos ejércitos regulares.
Si existió algún tipo
de maltrato o desprecio consciente a las BBII, este pudo venir
generalmente de los altos mandos y oficiales medios españoles que en
la fase final de la guerra apoyarían la sublevación casadista.
Estoy pensando por ejemplo en el propio teniente coronel Segismundo
Casado, quien en julio de 1937, durante la batalla de Brunete,
ejerció el mando durante dos semanas del XVIII cuerpo de ejército,
compuesto por 11 brigadas de las que 4 eran internacionales. En ese
contexto, es bien conocido el episodio de desobediencia que
protagonizó la XIII brigada internacional el día final de la
batalla, tras haber estado en vanguardia desde el primer momento sin
ser retirada del cerro Romanillos a pesar de las órdenes dictadas.
Hay quien ve en esta postergación del relevo una intención
deliberada por parte de Casado de llevar al límite a la XIII
brigada, otros en cambio reconocen una imposibilidad de hacer las
cosas mejor por falta de reservas que permitieran el relevo.
Frente al escaso aprecio
que los “casadistas” y anticomunistas más o menos disimulados
del ejército popular pudieran sentir por las BBII durante toda la
guerra, y especialmente al final de la misma, queda la admiración y
el respeto que sintieron y expresaron muchos otros jefes de carrera
y todos los de Milicias. También se debe recordar el valor del gesto
(y los riesgos asumidos para hacerlo) cuando se produjo el acto de
despedida que las BBII protagonizaron en octubre de 1938, en
Barcelona. En esa ocasión se reunieron todas las altas autoridades
políticas republicanas y se retiró una parte de la aviación del
frente para garantizar la seguridad del desfile que se organizó con
los brigadistas en esa ciudad (frecuentemente bombardeada desde el
aire). Después de esto, y cuando las BBII ya no contaban como
unidades efectivas para ir al combate, la República intentó que
abandonaran España cruzando la frontera francesa en un solo episodio
y de manera visible y honrosa, a la par que también hacían lo
propio los combatientes extranjeros del ejercito franquista por otro
punto de la frontera, pero esto no pudo hacerse porque nuevamente
Franco impidió cualquier acuerdo, y también en esto fue secundado
por la No Intervención, liderada por el Reino Unido. Los brigadistas
salieron entonces por grupos dispersos y no como una parte compacta
del ejército español. Con ellos se fueron también las últimas
posibilidades de victoria republicana. Tras el Pacto de Munich la II
República quedaba abandonada a su suerte todavía más si cabe por
una Europa acobardada ante el fascismo alemán e italiano y muy tibia
con Franco.
Los brigadistas se
llevaron el respeto y el afecto de millones de españoles,
conscientes de que todos luchaban por una causa común, la
supervivencia de la democracia frente al fascismo, ante el que una
parte fundamental del pueblo, ya fuera como civiles, milicianos o
militares, supo portarse como una verdadera fuerza de choque durante
casi tres años.
Ernesto Viñas.
lunes, 16 de enero de 2017
Project for the creation of “Espacio para la memoria de la batalla de Brunete” (A place for the memory of Brunete battle) in Quijorna.
We are ready to start up a very interesting initiative
that has been expected for a long time.
If we can count with your contribution, the project will be a lot better
because it will respond to a collective demand.
This is well merited due to the importance and significance of the
history behind it. We just request a few
minutes from you, to assess the proposal and decide if you wish to get involved
with it. Thank you very much
beforehand. Salud!!!
Brunete en la Memoria started to work more than ten years
ago. Obviously, at the beginning we did
not have either the knowledge or the resources we have now, but the will and
the aims were the same: investigate,
spread and find a place for what we call historical and democratic memory in
the field of Brunete battle and the military history of the fronts of the
central region during the Spanish Civil War, in opposition to the force of
habit of a 40 year dictatorship and some other 40 of programmed amnesia. So far, we have undertaken many of projects
but the task we consider fundamental is still pending. A few months before the 80th
anniversary of the Brunete battle, it seems that the only tokens that remain
are a handful of small forts next to the road and two or three old monuments
and Francoist plaques.
Some meticulous research work about partial issues
related to the July 1937 offensive has been undertaken in this part of
Madrid. However, the creation of
something like a museum or a research and documentation center dealing with all
the aspects in an integrated and accurate way is still pending. No doubt, a reference place is still
lacking. This place will satisfy the
desire for knowledge of neighbors and visitors.
It will also activate the
protection, promotion and enjoyment of the military heritage that still resists
on and in this old battle field.
The project
With the aim of remedying this lack, we keep trying to
start up a museum and documentation center of the Brunete battle. We believe that the D day is right here. So, we request the support of all those that
share these ideals. We want to move from
planning to action.
The concrete plan, that many of you already know because
it has been developed for a long time
(you have known ups and downs and different versions), intends to offer the
following resources within an unique space and with time continuity:
⁃
Permanent
collection: exhibition of pieces that
were found in the battle field or received from donations.
⁃
Maps and
photographs: it will show the
cartography of different dates and origins related to the military procedures
together with the historical photographs, aerial or other, obtained from
various sources.
⁃
Library: it will favor the reading and research of
hundreds of documents obtained from previous research in different historical
archives, either civil or military.
⁃
A
support to the search of combatants:
this service will be offered to the families searching for information
about a combatant, missing or not, who had participated in this battle or other
fronts of the central region in any of the two armies.
⁃
Guided itineraries: the main part of the identification work of
the spaces of the old battle field is already accomplished. This has allowed us to design some
itineraries that are at disposal of those interested in the factual ground,
which also possesses other interesting historical and natural features.
⁃
Support
to the research and investigation:
facilitation of how to access to knowledge and places related to the
battle to all those people or institutions that either research or product
cultural resources: documentaries,
articles, photographs, books, etc.
⁃
Temporary
exhibitions: a space for the
dissemination of works or collections of other researchers and artists.
The material is completely ready but we need an
appropriate space and the necessary furniture to make it come true. That is why we ask the cooperation of those
that would like to contribute to the creation of “Espacio de la memoria de la
batalla de Brunete”. We are sure you
understand that we
lack the resources and need help.
The idea consists in renting some premises in Quijorna,
set up the above- mentioned museum, inaugurate and test the viability of the
project for a year. The viability will
depend on the acceptance of the public.
A year after we will be able to assess whether it is possible to keep on
working in the same space or other. The
objective is to start beginning 2017 and not close in 2018.
The funding campaign for the first year
We need 15.000 euros to guarantee a year of
functioning. It is not a small amount of
money but it is right for the purpose.
We would like to obtain this money little by little in the next two
months, we request from you a contribution of 15 euros, that will pay for the
rent, electricity, water, taxes, furniture, exhibition requirements and
adaptation of the building. If we
succeed in receiving the donations of 1000 people or some other people or
groups donate bigger amounts, the project shall start up.
The first year’ management
Brunete en la Memoria is our identity in the blog,
Facebook and activities we undertake.
But it is not a legal association, it is a factual organization in which
two people (Sven Tuytens and Ernesto Viñas) work permanently though we count
with the cooperation of many others. The
result of this work is now visible in the media. The idea of inspiration of “Espacio de la
memoria” belongs to the whole group but the person in charge is Ernesto
Viñas. He is responsible for this
request and its proper use because he will be the administrator of the funds.
If the amount is not obtained, there will not be a
museum. In that case, the money will be
used for a more modest alternative:
print on paper the digital photograph collection, keep on researching
and improve the exhibition of the collection as it is now.
If the project is successful, Ernesto Viñas will be
responsible for the premises and will also be the guide. His payment from the opening on will be
obtained from the entrance tickets, shop, excursions and other activities. In case the income is higher than a normal
decent salary, while the functioning depends on the voluntary donations, the
rest of the money will be used to develop the “Espacio”. Obviously, we make a commitment of informing
you and the comrades of AABI about the employment of the funds.
We believe that the long years we have been working
selflessly and the quality of our products enable us to ask for this token of
trust. “Espacio de memoria de la batalla
de Brunete” can turn into a collective success with a cultural, social and
protest quality that will try to satisfy a need for historical knowledge and
the necessary recognition to the combatants.
We look forward to your response and we thank you for
your time. Your cooperation is
fundamental. However, if you are unable
to collaborate, please send on details
of the initiative.
As a recognition, those who have cooperated with the
museum, will have two free tickets or two tickets for an excursion. We look forward to a personal meeting in
“Espacio” in Quijorna or in an itinerary of the Brunete battle.
Ernesto Viñas & Sven Tuytens
Phone: +34 659007790
Email: evcos37@yahoo.es
Blogs: Brunete en la memoria, Primer Ejército de
Maniobra, Hospitales de sangre republicanos en la Guerra Civil Española
Bank information:
Ernesto Viñas Costantino
La Caixa ES87 2100 2022 3702 0027 8310 CAIXESBBXXX
miércoles, 11 de enero de 2017
Defensa lejana de Madrid: el frente del agua.
Si miramos las
necesidades de la sanidad militar o civil, o simplemente las posibilidades de
resistencia de una ciudad habitada por cientos de miles de personas, y asediada
como estuvo Madrid entre noviembre de 1936 y marzo de 1939, veremos que el
suministro de agua potable es una de las cuestiones que se deben asegurar
ineludiblemente: no hay resistencia sin agua.
Al hablar de
agua potable y canalizada es obligado recordar como esta brilló por su escasez
e incluso por ausencia total en primera línea durante largos periodos en la
batalla de Brunete, conocida también como “batalla de la sed” por muchos
combatientes. Pero en este artículo no vamos a hablar de eso, sino de la
situación global de Madrid en relación con el suministro de agua de calidad,
que en tiempos de paz era perfectamente viable en esta ciudad privilegiada por
su cercanía a la sierra y a varios ríos, entonces limpios y mucho más
caudalosos que hoy.
Ciertos
documentos republicanos de los años 1937 y 1938 encontrados hace poco en el
Archivo Militar de Ávila (AGMAV) confirman que el Madrid en guerra se abastecía
de agua principalmente del río Lozoya, sobre el que tenían una importancia absoluta
los embalses de Puentes Viejas y del Villar, consecutivos y con el primero aguas
arriba del segundo. Estos dos embalses quedaron desde el principio en manos del
ejército republicano, pero Puentes Viejas por los pelos, ya que el frente de
combate quedó fijado posiblemente menos de un kilómetro de su muro, y no por
casualidad. Todavía hoy, basta dar un simple paseo por el pinar que existe entre Puentes Viejas y el pueblo de Paredes
de Buitrago para descubrir la más tupida red de trincheras de ambos ejércitos que
uno pueda imaginar. En esa densidad de fortificaciones, las que estuvieron a
cargo de la 1ª división del I cuerpo de ejército republicano tuvieron una
función muy clara; cerrar a cualquier precio el paso al ejército franquista
frente al principal punto de acumulación de agua destinada a Madrid. Quien dominara
Puentes Viejas podría decidir en buena medida si Madrid tendría el agua
canalizada que necesitaba o pasaría sed.
![]() |
| Posiciones fortificadas de ambos ejércitos inmediatas a la presa, las más próximas son republicanas. Estuvieron a cargo de la 26 brigada mixta de la 1ª división (foto: CECAF) |
En octubre de 1937, fecha del primer documento encontrado, parece que
a pesar de la guerra el abastecimiento de agua estaba funcionando bastante bien
en la capital, pues no se habla de restricciones masivas al consumo. Para
garantizar esta situación, la cercanía de las líneas de fuego respecto a la
presa de la cabecera del Lozoya obligaba a tener previstas una serie de alternativas para el caso de que la situación
táctica cambiara allí a peor para los republicanos. Las hipótesis que estos
contemplaban y sus correspondientes medidas paliativas eran las siguientes:
1º. Para el caso de pérdida de la presa de Puentes Viejas en la época del
año en que la del Villar tenía menos agua, se había montado un dispositivo que
permitía abrir y bloquear las compuertas de la primera antes de abandonarla, de
tal modo que para cuando el enemigo fuera capaz de cerrarlas, ya se habrían
llenado las presas del Villar y del Pontón.
2º. Previendo el mismo
caso (la ocupación) de la presa del Villar, se habían fijado sus compuertas, de
tal modo que aunque el enemigo accediera a todos los mecanismos, tampoco sería
capaz de cortar el agua hasta pasadas varias semanas.
3º. Si a pesar de todo lo
anterior, el enemigo hubiera sido capaz de cortar el agua del Villar en un
plazo corto, se había previsto otra toma de agua mucho más abajo en el mismo
río Lozoya, para lo cual había sido reparado el Canal Antiguo y se había
dispuesto una estación de cloración en él.
4º. Para el caso eventual de
que el enemigo ocupara algún punto del Canal Antiguo, se había hecho un enlace
entre el canal de Santillana y el Nuevo Canal, de tal forma que el agua de
Santillana, sacada del embalse de Manzanares, pudiera ser traída a Madrid
usando la conducción del Lozoya. El tramo de enlace tenía menos capacidad que
el Canal del Lozoya, pero era suficiente para cubrir un abastecimiento
restringido.
5º. Como esta última
conducción también tenía puntos vulnerables, se proyectó hacer otra instalación
que permitiera traer agua desde el punto del Jarama que el Mando considerara
más conveniente. La interrupción de las obras hídricas provocada en noviembre
de 1936 por la salida de Canales de sus ingenieros, para ponerse a dirigir las
urgentes obras de fortificación de Madrid, impidió que tomara más vuelo esa
idea. Asimismo, se estuvo dejando sentir una perjudicial desconexión entre el
Mando militar y quienes manejaban los dispositivos mencionados.
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| Posiciones fortificadas de ambos ejércitos inmediatas a la presa, las más próximas son republicanas. Estuvieron a cargo de la 26 brigada mixta de la 1ª división (foto: CECAF) |
En agosto de 1938, casi un
año más tarde, la Delegación del Gobierno de la República en los Canales del
Lozoya recibe esta carta de esa empresa pública, que anteriormente se llamaba
Canal de Isabel II:
“Probablemente
en el día de mañana se llegará en el embalse de Puentes Viejas a la cota de
nivel de agua mínima que el Estado Mayor dispuso que no se permitiera disminuir,
con objeto de mantener un foso que dificulte la comunicación entre los dos
márgenes del río Lozoya. Respetando naturalmente esa medida, asumimos que hay
que empezar a gastar el agua del embalse del Villar, completamente lleno, pero
que no contiene más que 23 millones de metros cúbicos, suficientes únicamente
para los meses de septiembre y octubre. Si llueve antes del final de octubre,
no habría necesidad de pedir una modificación de aquella medida al mando
militar, pero si no llueve, sí, porque ni conviene proponer un régimen de
restricciones (sumamente molesto para el vecindario y que produce poca
economía), ni se debe consagrar un estado de apuro y escasez que no existe
realmente, ya que disponemos en Puentes Viejas de otros 23 millones de metros
cúbicos con los que puede prolongarse el abastecimiento de Madrid otros dos
meses. Llegado ese momento, finales de diciembre, tenemos la seguridad de que
ya habrá habido lluvias.
Por otra parte,
desde el punto de vista sanitario, conviene siempre para el abastecimiento que
se mantenga el mayor volumen posible de agua en el Villar, razón por la cual
nuestro criterio de suministro ha sido siempre el de mantener este último lo
más lleno posible y dar el volumen diario a Madrid mediante el aporte de
Puentes Viejas al Villar, volumen que experimenta una autodepuración gracias a
su lento discurrir a lo largo de los 9 kilómetros embalsados creados por esta
última presa.
Como a la
lectura de estas consideraciones podrá objetarse que en el pasado año no se
hizo esto que ahora pedimos, queremos recordar que constantemente esta
Delegación estuvo proponiendo al mando militar la modificación de su medida (guardar
un determinado volumen embalsado en Puentes Viejas por imperativo táctico),
fundándose en razones de orden sanitario (calidad del agua) y para intentar
evitar las restricciones de suministro, que finalmente hubo que imponer. Además
de las dos razones expuestas, este año tenemos otro motivo de preocupación, y
es que este verano hemos tenido un gran estiaje (disminución de caudal por
escasez de lluvias), lo que ha impedido que durante julio entrara en el embalse
superior (Puentes Viejas) el volumen que otros años permitía reponer el gasto
de los embalses situados aguas abajo. De esta forma, en el año en curso, 1938,
estamos consumiendo en Madrid exclusivamente agua embalsada.
En consecuencia,
y fundándonos en las razones siguientes: 1ª,
inconveniencia y poca utilidad de un régimen de restricciones. 2ª, ventajas para el aspecto sanitario
del suministro. 3ª, inseguridad
acerca de cuando llegarán las primeras lluvias; nos permitimos proponer que
este asunto se someta al estudio del Estado Mayor Central, para que modifique
la medida relativa a la altura del agua en Puentes Viejas, permitiendo que
descienda paulatinamente el nivel de este embalse hasta que haya
precipitaciones, o fijando una nueva cota, algo inferior a la actual”.
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| Presa de Puentes Viejas durante la Guerra Civil (Foto: CECAF) |
En octubre de 1938, la Comandancia
General de Ingenieros (sería la del Ejército del Centro) dirige un comunicado
secreto a la Delegación del Gobierno de la República en los Canales del Lozoya.
“Desde el
comienzo de la guerra, y en previsión de un ataque enemigo sobre los embalses
del Lozoya, se pensó en tomar medidas que aseguraran el aprovisionamiento de
agua de Madrid, habiéndose dispuesto las siguientes precauciones:
Presa de Puentes Viejas.
Se ha instalado un dispositivo eléctrico de apertura de compuertas utilizable
ante la circunstancia de tener que abandonar esta presa sin estar llena la del
Villar. En este caso se vertería en esta última un gran volumen de agua, ya que
el enemigo no podría cortar el caudal durante un buen rato. Para poder hacer la
operación descrita se necesita operar desde la torre intermedia de la presa,
razón por la que se ha trasladado a la misma un motor de 4 HP, se ha dispuesto
la instalación del cable de baja y se ha colocado el interruptor
correspondiente en la caseta del transformador. Por el contrario, a día de hoy
todavía no se han tomado las precauciones necesarias para garantizar la
protección contra el fuego de la artillería del cable que activa a distancia
las compuertas de apertura, ya que este va tirado por una zanja de solo 30
centímetros de profundidad. El interruptor por contra sí ha quedado
perfectamente protegido por el blindaje de la caseta del transformador, pero lo
que carece de protección es la entrada de la línea eléctrica al transformador,
resultando ineficaces todas las medidas que se pudieran tomar para abrir las
compuertas si el enemigo, conociendo este punto débil, concentrara su fuego
artillero sobre dicho punto.
Presa del Villar. Las
compuertas están fijas y sin vástagos a excepción de la que alimenta el canal.
Los desagües han sido taponados por medio de muros de hormigón.
Canal Antiguo. En el caso
de que la presa del Villar vertiera por efecto de la maniobra de Puentes Viejas
(en este supuesto, por haberse perdido Puentes Viejas, se le habrían abierto
las compuertas eléctricas, llegando al Villar tal cantidad de agua que
rebosaría por encima del muro de la presa) se aprovecharía este caudal
reteniéndolo en las presas de la Parra y Pontón de la Oliva, para lo cual se ha
reparado el Canal Antiguo.
Enlace con Santillana. En
previsión del caso de ocupación por el enemigo de las cabeceras de Canales del
Lozoya, se han unido por medio de un canal descubierto, a la altura del
kilómetro 11 de la carretera de Fuencarral a Colmenar Viejo, las conducciones
de agua del Nuevo Canal (Canales del Lozoya) y el sifón de Santillana
(Hidráulica de Santillana). Para ello se realizaron en el sifón de Valdegodinos
(Colmenar Viejo) obras de ampliación,
consistentes en la instalación de una doble tubería de hierro fundido de 91,5
centímetros de diámetro y en la construcción de una caseta en la que debería
instalarse una bomba de impulsión que permita aumentar el caudal en el sifón de
toma del kilómetro 11. Como una parte de
estas precauciones están todavía sin llevarse a la práctica, ruego a V. E. que
si lo estima oportuno, ordene que todas estas medidas se pongan en vigor y me
informe de cualquier particularidad al respecto”.
Ernesto Viñas.
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