domingo, 18 de junio de 2017
martes, 13 de junio de 2017
A Villanueva de la Cañada le cuesta asumir su historia.
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| trincheras en Villanueva de la Cañada |
La primavera del año pasado, en Brunete en la memoria recibimos una invitación de algunos concejales del gobierno municipal de Villanueva de la Cañada (PP en mayoría absoluta) para mantener una reunión informal sobre los restos de la guerra civil presentes en ese municipio y las rutas que estábamos guiando desde tiempo atrás. Poco antes, recuerdo que habíamos ayudado a encontrar localizaciones para un documental de la BBC de Gales y habíamos estado caminando por los fortines y trincheras con alumnos y profesores de un intercambio con Francia, y la experiencia les había encantado. Posiblemente, todo eso había llegado a los oídos del gobierno local y naturalmente, querían saber más.
Fuimos “light”
Tras esta alentadora reunión, y tratando
de satisfacer al máximo el interés mostrado por un ayuntamiento en principio
"difícil" para los temas ligados con la memoria histórica, redactamos
un informe bastante detallado con la lista de elementos a proteger y dignificar
y un esbozo de estrategia cultural y turística en torno a este patrimonio. En
cuanto a lo que pudiera tener alguna significación política, fuimos lo más
"light" que nos permiten nuestros
principios; ya que sabíamos lo sensible que suelen ser en el partido al que
pertenece ese gobierno local con estos temas. Este informe lo entregamos a
través del registro de entrada del ayuntamiento; era mayo de 2016.
Proyecto de interés cultural y educativo
Casi un año más tarde, en febrero de
2017, dos arqueólogos, dos profesores de historia en secundaria y las dos personas
que formamos Brunete en la memoria, solicitamos y obtuvimos una reunión formal
con el alcalde y la concejala de Educación de Villanueva de la Cañada para
proponerles un plan que nos sigue pareciendo de altísimo interés cultural,
educativo y patrimonial. Se trataba de excavar y recuperar un conjunto de
restos republicanos consistentes en dos o tres fortines y una cueva revestida
con ladrillo que quienes escribimos esto "descubrimos" e
identificamos a la entrada de Villanueva de la Cañada en una de nuestras
salidas al campo.
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| restos de la batalla de Brunete cerca de la urbanización "La Pasada" en Villanueva de la Cañada |
Tres institutos de secundaria de
Villanueva de la Cañada
La idea que estas seis personas pusimos
sobre la mesa del alcalde, Luis Partida, era hacer una excavación en la que
participaran los alumnos de 1º de bachillerato de tres institutos de secundaria
del municipio, con la supervisión y asesoramiento de dos reputados arqueólogos,
una empresa del ramo y la ayuda de Brunete en la memoria para los temas de
comunicación. Al alcalde le pedimos básicamente dos cosas: ayuda logística y
jurídica, y una aportación económica de 10.000 euros para pagar a los
profesionales y a la empresa arqueológica que iban a trabajar durante cerca de
un mes. A cambio, estábamos poniendo en las manos de Villanueva de la Cañada
unos restos formidables que pueden resultar muy atractivos para el visitante, y
una actuación de gran valor educativo, casi vanguardista dentro del pobre
panorama que ofrece actualmente la Comunidad de Madrid en relación con los
restos de la GCE.
No hay presupuesto
La respuesta que nos dio el alcalde, de
entrada no incluyó, como hubiera correspondido y nos hubiera gustado, ninguna
mención a la recepción o al contenido del documento de 4 páginas entregado por
Brunete en la memoria en mayo de 2016. De hecho, todavía no nos ha contestado
tampoco ninguno de los concejales con quienes nos reunimos entonces. En cuanto
a la iniciativa educativa y arqueológica concreta que le llevamos en mano las
seis personas allí presentes, la valoración del regidor nos pareció
decepcionante, para lo que íbamos preparados, pero también torpe, lo que nos
resultó más sorprendente. Nos cuesta creer que rescatar un fortín de la GCE
provoque tal desazón o incomodidad a los mayores del pueblo que la recuerden
todavía en primera persona que invite a no hacerlo, y no nos creemos que un
municipio con los recursos de Villanueva de la Cañada no disponga de 10.000
euros para gastarlos en salvar parte de su patrimonio más viejo (el pueblo
quedó arrasado en la batalla de Brunete) y en la educación de sus alumnos. Por último,
tanto el Sr. Partida como nosotros sabemos que la Comunidad de Madrid, a la que
dijo que iba a apelar para proteger estos fortines y esta cueva, posiblemente
no actúe de ninguna manera, porque con su última ley de protección del
patrimonio ha transferido esta responsabilidad a los municipios. Sí nos resultó
más convincente cuando dijo que Villanueva de la Cañada, al menos mientras él
sea su alcalde, tiene suficiente prestigio y proyección exterior a través de
otros elementos diferentes a los vínculos con la GCE. En nuestra opinión, ambas
cosas no son excluyentes, mientras que en la suya, parece que sí.
Gerda Taro
En conclusión, mantenemos la mano
tendida para colaborar con Villanueva de la Cañada y con cualquier otro
municipio que quiera reconocerle el valor que tienen los restos y la memoria
inmaterial de la GCE, pero al mismo tiempo, tomamos la iniciativa y redoblamos
nuestro trabajo en favor de la memoria histórica y democrática. El 1º de julio
comenzaremos la marcha memorial de la batalla de Brunete cerca de estos
fortines y cerca del lugar donde estamos convencidos que fue atropellada Gerda
Taro. Esta es la mejor manera a nuestro alcance para darle a estos lugares la
dignidad y el valor que se merecen. Los alcaldes pasan, la memoria republicana
permanece.
El proyecto
Los restos de las
fortificaciones de La Pasada
(Villanueva de la Cañada)
proyecto educativo
y arqueológico
I.
Introducción. Los restos de la Batalla de Brunete en
Villanueva de la Cañada: un proyecto educativo y arqueológico
En el curso 2015-
2016 el Lycée Molière de Villanueva de la Cañada, como otros muchos liceos en
Francia, acometió un proyecto educativo, que tenía como eje la conmemoración
del principio de la Primera Guerra Mundial. Para dar una idea de lo que fue la
guerra de trincheras utilizaron su entorno natural más próximo y visitaron los
restos de la segunda la línea defensa republicana, posterior a la Batalla de
Brunete, ubicada en el extremo NO de nuestro término municipal como ejemplo y
paralelo histórico de lo que fue más característico del enfrentamiento bélico
que fue una verdadera guerra civil europea hace ahora cien años.
Presentamos un proyecto educativo, más ambicioso
aún, puesto que aúna el interés formativo con la posible puesta en valor de restos
inéditos y en apariencia bien conservados de la Guerra Civil española en
nuestro término municipal.
Para realizar esta diseño, que ha sido madurado durante varios meses, aúnan sus esfuerzos el Lycée Molière, el Colegio Internacional Kolbe y el IES Las Encinas de Villanueva de la Cañada. Al final adjuntamos cartas de ambos directores, que explican por qué creen imprescindible acometer este proyecto.
Para realizar esta diseño, que ha sido madurado durante varios meses, aúnan sus esfuerzos el Lycée Molière, el Colegio Internacional Kolbe y el IES Las Encinas de Villanueva de la Cañada. Al final adjuntamos cartas de ambos directores, que explican por qué creen imprescindible acometer este proyecto.
| carta del Lycée Molière de Villanueva de la Cañada |
Nuestra idea es que los alumnos de Historia de España de 2.º de Bachillerato / Terminal y de Historia del Mundo Contemporáneo de 1.º de Bachillerato de los dos centros educativos participen, durante una semana cada uno, en la experiencia de una excavación arqueológica y en la recuperación de restos de trincheras, bajo el control y la dirección de una de las empresas de arqueología que más están haciendo por la recuperación de la Historia de nuestra zona, Gabark 2013, responsables de la excavación de la necrópolis visigoda y ermita medieval de San Babilés, en el vecino municipio de Boadilla del Monte, proyecto impulsado por su Ayuntamiento y la Hermandad de San Babilés, que, tras dos campañas, está dando ya sus frutos en forma de visitas turísticas al lugar[1].
Para todo ello nos es imprescindible la ayuda del Excelentísimo Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, que ha de ser el impulsor del proyecto y quien facilite los trámites, hablando con los propietarios de los terrenos afectados, para que nos permitan realizar las excavaciones. Se trata del borde de parcelas agrícolas, en los que la presencia de restos en superficie ha impedido en gran parte el cultivo y de un antiguo vivero abandonado, por lo que no vamos a afectar al uso tradicional del suelo. Además, la actividad se realizaría al final de la primavera, en un momento en que la cosecha de cereales suele haber sido ya realizada.
II.
La Batalla de Brunete y Villanueva de la Cañada
De todos los municipios del oeste de Madrid que fueron campo de batalla en
julio de 1937, en lo que dio en llamar la Batalla de Brunete, Villanueva de la
Cañada es seguramente, uno de los pocos que alberga en su suelo posiciones defensivas
que fueron utilizados por ambos ejércitos.
Vamos a pasar revista de forma rápida y narrar los acontecimientos más
relevantes de aquellos días, para mejor poder ubicarlos en los rincones de
nuestro municipio.
A.- Antecedentes históricos. Desarrollo de la Batalla de Brunete (6-25
de julio de 1937).
Brunete fue – si hacemos excepción de la temprana Batalla del Jarama- la
primera gran batalla campal de la guerra civil española.
La República pudo preparar un ejército de maniobra aparentemente bien
organizado y dotado de medios que, en el desarrollo del combate, mostró las
deficiencias de las que adolecía. Fue también la primera gran ofensiva
republicana, con ambiciosos propósitos que no pudieron alcanzarse debido a
distintos factores.
En el otro lado es evidente que el ejército de Franco tenía la ventaja
de contar con unos mandos preparados técnicamente y bien curtidos en las lides
bélicas y tropas mejor entrenadas.[2]
Villanueva de la
Cañada, pueblo fortificado.
La rápida posesión de Villanueva de la Cañada era crucial en el éxito
de la ofensiva republicana, ya que por esa población pasaba la única carretera
que podía suministrar a las fuerzas que debían adentrarse en profundidad en el
dispositivo enemigo.
“El ataque republicano iba a producirse en una zona favorable, ya que el río Guadarrama era el punto de enlace o sutura entre ambos cuerpos de ejército… En la franja de 13 kilómetros situada entre el Guadarrama y el Perales no había una defensa continua y los amplios espacios estaban cubiertos por patrullas móviles, si bien se había creado un buen sistema de defensas circulares, con alambradas, en los puntos fuertes de Villanueva del Pardillo, Villanueva de la Cañada, Quijorna y el Cerro de los Llanos. El jefe de sector, el teniente coronel Mancebo, tenía su puesto de mando en Brunete[3].”
“El ataque republicano iba a producirse en una zona favorable, ya que el río Guadarrama era el punto de enlace o sutura entre ambos cuerpos de ejército… En la franja de 13 kilómetros situada entre el Guadarrama y el Perales no había una defensa continua y los amplios espacios estaban cubiertos por patrullas móviles, si bien se había creado un buen sistema de defensas circulares, con alambradas, en los puntos fuertes de Villanueva del Pardillo, Villanueva de la Cañada, Quijorna y el Cerro de los Llanos. El jefe de sector, el teniente coronel Mancebo, tenía su puesto de mando en Brunete[3].”
La resistencia durante diecisiete horas de la guarnición nacionalista
de nuestra localidad, impidió la llegada a la 11ª división de Líster de los
medios de fuerza que necesitaba perentoriamente y retrasó en más de 24 horas el
avance de la 15ª división sobre las alturas situadas al este del Guadarrama.
La guarnición que defendía Villanueva de la Cañada.
Desde mayo de 1937 Villanueva de la Cañada estaba defendida por la 2ª
bandera de Falange de Sevilla; su jefe era el comandante Miguel Pérez Blázquez
y la componían cuatro compañías de fusiles y una de ametralladoras. En total
una fuerza de 800 hombres a los que había que agregar las dotaciones de
artillería, transmisiones y otros servicios que sumarían casi el millar.
El capitán de artillería Álvarez Lasarte estaba al frente de una
batería del 10,5 con dos piezas en Villanueva y otras dos en el castillo de
Villafranca.
La población estaba rodeada por un perímetro circular y discontinuo de
trincheras con alambradas en el sector norte. Ante las informaciones recibidas
sobre un ataque republicano inminente, el mando de la 75ª división envió el día
5 de julio 1937 dos piezas antitanque con su dotación, entre los que se contaba
un experto alemán. Aquella noche, Pérez Blázquez ordenó a los defensores que
ocuparan sus puestos en los lugares asignados.[4]
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| Entrada polvorín "La Pasada" |
| Villanueva de la Cañada estaba rodeada antes de la ofensiva republicana por un perímetro circular y discontinuo de trincheras con alambradas y fortificaciones en el sector norte, mirando a las líneas republicanas (en azul). Las fortificaciones situadas al sur del casco urbano son posteriores a la batalla, afrontando las nuevas posiciones del ejercito de Franco (en rojo). |
Después la Batalla de Brunete: La primera línea defensiva republicana al sur de Villanueva de la Cañada.
La batalla estaba terminada el 27 de julio. El Diario de Operaciones
del Estado Mayor Central republicano establece la posición final del frente al
sur de Villanueva de Cañada:
“…un centro de resistencia al
Norte de la Casilla de Peones Camineros de la carretera de Villanueva de la
Cañada a Brunete.”[5]
III.
Villanueva de la Cañada: Las fortificaciones de La
Pasada
Previamente a este trabajo, uno de nosotros, Sven Tuytens, encontró
casualmente en el campo restos de lo que parecían ser elementos defensivos, que
podrían corresponder a la Batalla de Brunete. Un poco después los dos firmantes
del proyecto efectuaron una prospección superficial de la zona, encontrando
restos evidentes de varios elementos distintos.
Según un especialista en el tema[6], los
restos de guerra civil que es posible encontrar se deben clasificar en una de
las siguientes categorías:
1.Obras de fortificación militar:
Trincheras,
nidos de ametralladora o fortines, asentamientos artilleros, blocaos, bunkers,
refugios de campaña, depósitos de municiones, zanjas y otros, obstáculos, etc.
2.Puestos de mando y observación.
3.Refugios civiles contra bombardeos.
4.Escenarios bélicos donde se hayan producido batallas importantes o
acciones de algún significado especial.
5.Monumentos o lápidas conmemorativas de algún grupo o personaje o
indicador del lugar donde reposan sus restos.
6.Restos de instrumental bélico y otros: todo tipo de armas y
municiones, equipamiento personal (cascos, correajes, uniformes, palas…),
equipos de transmisiones y de megafonía, octavillas, volanderas (guerra de
propaganda), etc.
Salvo la segunda y la quinta hemos localizado casi todo en nuestra prospección.
Salvo la segunda y la quinta hemos localizado casi todo en nuestra prospección.
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|
Fortín B:
restos entrada al fortín
|
En la parte SE de Villanueva de la Cañada, al S de la urbanización La
Pasada y al O de la carretera E-600 Villanueva de Cañada-Brunete, se encuentra
una concentración de restos de la batalla de Brunete: Obras de fortificación
militar, un puesto de observación, restos de instrumental bélico y otros.
Las líneas rojas representan restos el trazado de antiguas trincheras.
El punto más al sur de estas trincheras republicanas, formaba la primera línea
de defensa republicana al sur de Villanueva de la Cañada. Apenas a 300 metros
al sur se encontraban los primeros puestos del frente del ejército de Franco.
Sven Tuytens Bernaerts, Ernesto Viñas Costantino & Jesús Rodríguez Morales
[6] Severiano MONTERO
BARRADO, “Arqueología
de la guerra civil en Madrid”, Historia y
Comunicación Social 6 (2001), pp. 97-122.
miércoles, 8 de marzo de 2017
jueves, 26 de enero de 2017
Brigadas Internacionales: ¿fuerzas de choque o carne de cañón?
Antecedentes.
La II República aguantó
una guerra de casi tres años contra un ejército mucho más
consolidado, el franquista, que además de tener la iniciativa,
grandes recursos financieros y la complicidad del mundo capitalista,
contó con el apoyo de las armas más modernas y con unidades
regulares de otros ejércitos que superaban al español en potencia:
CTV y Legión Cóndor, a los que debe sumarse una formidable fuerza
de infantería constituida por miles de combatientes rifeños a
sueldo.
Por su parte, careciendo
de almacenes llenos de armas o de una industria que pudiera
producirlos, el gobierno y las organizaciones republicanas, por
contar con las reservas de oro, pudieron recurrir a la compra de
material bélico de primera (y segunda) calidad a la URSS. Recibieron
también entre 35 y 50.000 combatientes voluntarios internacionales
que fueron encuadrados en seis brigadas XI, XII, XIII, XIV, XV y CL.
Estos dos recursos fueron vitales para el Ejército Popular
Republicano (EPR), pero si algo fue determinante para permitir su
existencia durante casi 33 meses, fue su capacidad para ponerse en
pie nuevamente tras cada batalla de desgaste o derrota que tuvo que
afrontar, logrando incluso alcanzar algunas victorias en medio de una
guerra muy desfavorable, tanto dentro de España como en el terreno
diplomático. Esto se consiguió, entre otras cosas, con mucha
determinación, esfuerzo y sacrificio por parte de los combatientes.
El hecho de que demasiadas veces estos afrontaran a la lucha sin
posibilidades de vencer o siquiera de mantener sus posiciones no
significa que por sistema fueran lanzados al combate de cualquier
manera. Por el contrario, la II República hizo todo lo posible por
movilizar, organizar, armar e instruir, un verdadero ejército, pero
evidentemente faltaron unidad política, recursos y tiempo para
alcanzar un nivel más alto. En ese contexto, los brigadistas
vinieron para darlo todo, y eso fue exactamente lo que se les exigió.
Asumieron el peligroso compromiso de ser la vanguardia del
antifascismo y pagaron un precio enorme en vidas, igual que muchas
otras unidades españolas. Estoy convencido de que esto resultó
completamente inevitable a la vista de los parámetros que rigieron
la resistencia republicana y el papel cómplice de las “democracias”
respecto al campo sublevado.
Por las anteriores
razones, personalmente rechazo el término de carne de cañón
aplicado a las BBII o a cualquier otra unidad republicana que
combatiera junto a ellas, pero sí creo que se deben analizar y
criticar los problemas y limitaciones que afectaron a los partidos y
organizaciones del campo republicano, así como la estrategia seguida
por Negrín, Prieto, Rojo y el alto Mando del ejército popular.
Dentro de su limitada capacidad de maniobra, todos ellos determinaron
también cómo fue el empleo de los combatientes sobre la línea de
fuego, y como todo en la vida, seguramente eso se pudo hacer mejor,
pero no debemos olvidar que es muy fácil decirlo desde un sillón y
80 años después.
Vamos por partes:
Durante la II GM, la
Larga Marcha China, las luchas populares por la descolonización en
Asia y África y los movimientos guerrilleros del siglo XX en América
Latina, los insurgentes y/o los defensores de regímenes populares
similares a la II República española ya contaron al menos con
antecedentes y enseñanzas en las que apoyarse para organizar y
conducir en la guerra a una guerrilla, una milicia o una fuerza
regular. Por el contrario, en el verano de 1936, cuando a las
organizaciones del Frente Popular les tocó movilizar y armar a sus
bases para enfrentar la sublevación militar reaccionaria y fascista
iniciada el 17 de julio, no se podían apoyar en ninguna de estas
experiencias. En ese momento la izquierda española prácticamente
estaba abriendo camino, ya que solo contaba con la limitada
experiencia militar propia que le brindó el fallido intento
revolucionario de 1934 y con un par de ejemplos en el marco europeo:
la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia y posterior guerra civil
contra los ejércitos blancos apoyados desde las potencias europeas,
y la insurrección de la Liga Espartaquista de enero de 1919 en
Berlín, que fue aplastada tras una semana de lucha callejera. En el
verano de 1936 la parte del pueblo español que apoyaba a la
República estaba haciendo algo realmente difícil: formar una fuerza
armada sobre bases ideológicas y organizativas totalmente nuevas en
la historia nacional. Que esta fuerza fuera capaz de resistir casi
tres años frente al ejército franquista y sus aliados fascistas
dice mucho del grado de éxito conseguido partiendo de cero.
En Rusia, tras el triunfo
bolchevique en 1917, la fuerza militar miliciana y revolucionaria,
llamada Guardia Roja, fue transformada en Ejército Rojo en un
proceso relativamente rápido. Lo exigía la necesidad acuciante
impuesta por la situación bélica (I GM en curso desde tres años
atrás, y luego la guerra contrarrevolucionaria) y lo permitía la
existencia de una dirección política fuerte y unida en torno a un
programa político claro y un partido único con líderes muy
visibles, capaces y carismáticos que no dudaron en aplicar las
mediadas coercitivas necesarias. En esas condiciones, la vida de los
combatientes sería seguramente extremadamente dura y peligrosa, pero
gracias a que el Ejército Rojo alcanzó unas cualidades
fundamentales en un plazo razonable, fue capaz de consolidarse y
vencer, permitiendo que el régimen soviético consiguiera
sobrevivir. La guerra civil que terminó en 1923 y dejó más de
5.000.000 de muertos la ganaron la tenacidad y el acierto del
gobierno bolchevique, la inmensidad del territorio y la inigualable
capacidad de sufrimiento de los distintos pueblos de la recién
creada URSS, fundamentalmente el ruso.
Situación de la
República Española tras el 18 de julio de 1936.
A diferencia de la Rusia
revolucionaria, que heredó del régimen zarista la participación en
la I GM (desde 1914), la España republicana se despertó frente a un
golpe de estado de julio de 1937 de un día para otro, de forma que
cuando este se produjo, el gobierno legítimo tuvo enfrente a un
enemigo organizado, que contaba con un plan y tenía apoyos
exteriores comprometidos, mientras que la base social leal solo
estaba en alerta, pero no movilizada, y mucho menos armada y
encuadrada. Por otro lado, la inmediata disolución del ejército
dictada por el propio gobierno provocó (en la equivocada creencia
que las tropas de los sublevados se desentenderían de la obediencia
a sus oficiales) que se desestructurase más todavía el ejército en
la zona leal, con lo que tuvo que emprenderse su reorganización casi
completa. La carencia de oficiales (y dentro de ellos, de oficiales
fiables), y sobre todo de suboficiales, debió ser incluso más aguda
entonces en España que en la Rusia de octubre de 1917, ya que allí
la guerra en curso había provocado la llamada a filas de miles de
obreros y campesinos. Aquí, en cambio, solo estaban en plantilla los
militares de carrera, que mayoritariamente traicionaron a la
República. A esto hay que sumar el rechazo hacia todo lo militar que
sentía buena parte del proletariado español, que durante años
había visto marchar a sus hijos a un servicio militar largo,
peligroso e injusto, que por un lado eximía a quienes podían pagar
una suma elevada (la cuota), y por otro enviaba a miles de jóvenes a
crueles guerras coloniales en el Riff que solo beneficiaban a
minorías privilegiadas con intereses económicos directos en esa
zona. Por último, hay que mencionar una situación de baja
tecnificación del ejército, generalmente escaso de medios
mecanizados y artillería, lo que a la hora del combate, obligaba a
emplear más intensamente a la infantería. Además de esto,
comenzada la guerra civil, durante los primeros meses, las
organizaciones crearon, instruyeron y dieron identidad a sus propias
unidades militares, con lo que la situación distó de ser la
necesaria para que existiera un mando único y un ejército
cohesionado y bien organizado, algo fundamental a la hora de cuidar
bien de los soldados.
Todos estos factores,
actuando juntos en grado diferente según el momento o la zona que se
tome en cuenta, provocaron que el nuevo ejército (regular)
republicano tardara mucho en nacer y madurar, lo que tuvo una
traslación directa a la forma en que progresaron las operaciones
sobre el campo de batalla, donde hasta entrado 1937 las milicias de
las diferentes organizaciones del Frente Popular pagaron un precio
muy alto en hombres, material y territorio por tener que combatir y
resistir sin constituir todavía un verdadero ejército.
En el campo republicano,
a la mejorable velocidad con que se efectuó la militarización de
las fuerzas, habría que añadir lo que podríamos considerar
limitaciones y errores en la estrategia general con que fueron
conducidas las operaciones después de terminada la batalla de
Guadalajara (final de la primera fase netamente defensiva en los
frentes del Centro, mes de marzo de 1937).
En primer lugar, a
diferencia de lo que ocurría en la parte sublevada, en la zona
republicana no hubo nunca una militarización de todos los aspectos
de la vida nacional. Dicho de otro modo, por causa de las
características culturales e ideológicas imperantes en el campo
republicano, la soberanía militar no se impuso del todo sobre el
ámbito civil, manteniéndose para este último una serie de
funciones y derechos que eran poco frecuentes de ver en otros países
en tiempo de guerra. Desde el punto de vista político y emotivo esto
sin duda otorgó un perfil único a la GCE dentro de la historia de
la humanidad, pero también afectó de manera directa al rendimiento
e intensidad del esfuerzo bélico y laboral que se pudo hacer en el
frente y en la retaguardia.
Por otra parte, además
de la forma en que se gestionaron ciertos recursos y la existencia de
un fuerte poder civil que se mantuvo durante toda la guerra en la
zona republicana, opino que en la esfera netamente militar, hubiera
sido posible seguir una estrategia más defensiva, orientada a
alargar todavía más la guerra en lugar de intentar ganarla, pues
las condiciones materiales y políticas (disposición de armas,
hostilidad exterior y falta de mayor unidad política) no lo
permitían. Contrariamente a esto, el gobierno y el alto Mando
republicanos se comportaron como si resultara posible derrotar a
Franco con las armas y fuerzas disponibles, razón por la cual
buscaron en más de una ocasión una victoria sobre él que cambiara
el curso de la guerra (la batalla decisiva). Así, comprometiendo
todos los recursos disponibles en varias ofensivas en campo abierto,
aceleraron el desfondamiento del ejército popular en lugar de velar
por su conservación y fortaleza, aún cuando esto hubiera supuesto
tener que ceder territorio más rápidamente frente al enemigo.
La doctrina militar que
Vicente Rojo había aprendido en sus años de carrera era la propia
del militar de un país europeo desarrollado que miraba
fundamentalmente a los bien instruidos y armados ejércitos francés
y alemán y no a la lucha popular prolongada, que entonces además
casi no contaba con experiencias prácticas en las que inspirarse. En
esa coyuntura, creo que el PCE, a pesar de que se ha dicho muchas
veces lo contrario, estuvo muy lejos de tener un poder absoluto sobre
el ejército y la conducción de la guerra, e incluso se esforzó por
estar al servicio de la legalidad republicana antes que maniobrar
para imponer sus tesis a fondo, siguiendo en esto las directrices de
la URSS, que mirando sus propios intereses, no quería asustar al
Reino Unido y Francia permitiendo un gobierno revolucionario o
“bolchevique” en España. En esa situación, a pesar de lo que
decía la propaganda franquista y de las quejas de Prieto, comparto
el punto de vista de los historiadores que afirman que no hubo tanto
poder comunista en el ámbito militar como se ha intentado hacer
creer.
La República siempre
defendió su territorio e intentó alargar la guerra en su fase final
para conseguir que se solapara con la inminente II GM, lo que hubiera
afianzado la idea de que España era solo la primera batalla de una
guerra europea causada por el fascismo. Salvando la rebelión
casadista, se resistió tanto como fue posible, pero desde un enfoque
de guerra destinada a sofocar una sedición interna, y no desde la
estrategia de guerra popular prolongada basada en la lucha de clases.
Asumir último esto último hubiera debido permitir concentrar todo
el poder en pocas manos (unidad política), movilizar más a fondo
todos los recursos disponibles en pro del esfuerzo de guerra y
priorizar la conservación de las fuerzas sobre la conservación del
territorio para luchar una guerra prolongada y orientada inicialmente
no a ganar, sino a no perder. En este caso, lo coherente hubiera sido
combinar la defensa de los frentes y ciudades con el sostenimiento de
fuertes contingentes guerrilleros tras la retaguardia enemiga; pero
en lugar de esto, se optó desde el verano de 1937 por el lanzamiento
de ofensivas de gran envergadura en campo abierto, y ahí parece
estar la clave del debate que nos ocupa: ¿fueron las BBII fuerza de
choque o carne de cañón?
Sostengo que en la fase
inicial y en la netamente defensiva de la guerra, hasta que terminó
la batalla de Guadalajara, la República gastó un tiempo precioso
para militarizar sus milicias, pero dadas la falta de unidad
política, la falta de una confianza plena en los mandos de carrera,
el fuerte antimilitarismo que sentían parte de los hombres
(fundamentalmente los anarquistas) y la escasez de armamentos, este
tiempo resultaba difícilmente reducible. La crítica podría hacerse
a partir del momento en que se dispuso de cierto margen de acción,
cuando podía elegirse entre auxiliar al norte desde una zona Centro
“tranquila” emprendiendo una ofensiva en Extremadura o en Madrid,
o infiltrando guerrilleros en la retaguardia enemiga. Entonces se
optó por lo primero, aún sabiendo que se tenía un ejército
todavía inmaduro. Disculpados los sacrificios extremos pedidos a las
unidades en los ocho primeros meses de guerra, fue la dureza de las
batallas ofensivas de La Granja, Brunete, Belchite y Teruel lo que
puede hacernos pensar por primera vez en un uso y abuso de las BBII,
al punto de vernos tentados de hablar de ellas como “carne de
cañón”. Luego, cuando tuvo lugar la retirada de Aragón, la
partición en dos de la zona republicana, la batalla del Ebro, y la
defensa desesperada de Cataluña, nuevamente ya no se pudo elegir.
Había pasado la fase de pasajero equilibrio militar (marzo de 1937 a
enero de 1938) que permitió soñar a los republicanos con la
victoria. Desde febrero de 1938, perdido otra vez Teruel e iniciada
la retirada de Aragón, nuevamente hubo que exigir a los hombres que
dieran de si el 150%, pero, como al principio de la guerra, solo para
evitar el colapso, no para pensar en ganar. Se había acabado el
frente norte, llegaban menos voluntarios internacionales y se
agudizaba la falta de armas por la política de No Intervención y
las severas pérdidas previas.
Conclusión.
Visto lo anterior, lo
primero que hay que decir es que un ejército que no tiene tiempo de
reclutar, encuadrar e instruir correctamente a sus hombres está
condenado a perderlos prematuramente cuando entran en combate, y eso
le pasó al ejército republicano. Por otro lado, la suerte de las
BBII (con un 50% de españoles) fue compartida por el resto de las
fuerzas de choque exclusivamente españolas, de forma que si hubo
trato de “carne de cañón”, lo sufrieron también decenas de
brigadas mixtas que combatieron en las grandes batallas. Si asumimos
que las brigadas internacionales y las brigadas de choque que
formaron parte de los sucesivos Ejércitos de Maniobra que se
formaron eran las mejores fuerzas de la República, es lógico que
siempre estuvieran en primera línea de los sectores más castigados,
ya que simplemente no tenían recambio.
Se pidió todo de estas
fuerzas y por norma estas lo dieron todo, pero no cabe hablar por eso
de trato de “carne de cañón” porque este concepto lleva
aparejado históricamente un desprecio racial o de clase social por
parte de los oficiales y los gobernantes hacia la tropa, lo que nunca
tuvo lugar en el ejército popular, donde por ejemplo, oficiales y
comisarios sufrían una tasa de mortalidad igual o incluso mayor que
las tropas. “Carne de cañón” es un término que podría
ajustarse mejor a cómo eran vistas las fuerzas coloniales que
tuvieron el ejército franquista y otros ejércitos europeos como el
francés y el británico, a las fuerzas de infantería en las
terribles batallas de la I GM o a los batallones disciplinarios en la
mayoría de ejércitos. Por contra, en la España republicana existió
como norma un respeto y una preocupación muy grandes por los
derechos y el bienestar de todos los combatientes, que se plasmó en
la constante lucha por que estos tuvieran cosas tan poco comunes en
otros ejércitos como: medios de expresión (se redactaba y editaba
prensa escrita y mural en cada unidad, incluso en las compañías);
acceso a la cultura a través de festivales de teatro, cine y
bibliotecas; lucha contra el analfabetismo; vigilancia de la
alimentación y salubridad de las chabolas usadas como vivienda;
lucha contra las enfermedades venéreas y asociadas a la falta de
higiene; actos de confraternización con la población civil; visitas
de delegaciones políticas, sindicales y culturales al frente, etc.
En el EPR el combatiente era un verdadero ciudadano en armas y un
camarada, independientemente de su grado militar o procedencia, algo
que pasaba entonces en pocos ejércitos regulares.
Si existió algún tipo
de maltrato o desprecio consciente a las BBII, este pudo venir
generalmente de los altos mandos y oficiales medios españoles que en
la fase final de la guerra apoyarían la sublevación casadista.
Estoy pensando por ejemplo en el propio teniente coronel Segismundo
Casado, quien en julio de 1937, durante la batalla de Brunete,
ejerció el mando durante dos semanas del XVIII cuerpo de ejército,
compuesto por 11 brigadas de las que 4 eran internacionales. En ese
contexto, es bien conocido el episodio de desobediencia que
protagonizó la XIII brigada internacional el día final de la
batalla, tras haber estado en vanguardia desde el primer momento sin
ser retirada del cerro Romanillos a pesar de las órdenes dictadas.
Hay quien ve en esta postergación del relevo una intención
deliberada por parte de Casado de llevar al límite a la XIII
brigada, otros en cambio reconocen una imposibilidad de hacer las
cosas mejor por falta de reservas que permitieran el relevo.
Frente al escaso aprecio
que los “casadistas” y anticomunistas más o menos disimulados
del ejército popular pudieran sentir por las BBII durante toda la
guerra, y especialmente al final de la misma, queda la admiración y
el respeto que sintieron y expresaron muchos otros jefes de carrera
y todos los de Milicias. También se debe recordar el valor del gesto
(y los riesgos asumidos para hacerlo) cuando se produjo el acto de
despedida que las BBII protagonizaron en octubre de 1938, en
Barcelona. En esa ocasión se reunieron todas las altas autoridades
políticas republicanas y se retiró una parte de la aviación del
frente para garantizar la seguridad del desfile que se organizó con
los brigadistas en esa ciudad (frecuentemente bombardeada desde el
aire). Después de esto, y cuando las BBII ya no contaban como
unidades efectivas para ir al combate, la República intentó que
abandonaran España cruzando la frontera francesa en un solo episodio
y de manera visible y honrosa, a la par que también hacían lo
propio los combatientes extranjeros del ejercito franquista por otro
punto de la frontera, pero esto no pudo hacerse porque nuevamente
Franco impidió cualquier acuerdo, y también en esto fue secundado
por la No Intervención, liderada por el Reino Unido. Los brigadistas
salieron entonces por grupos dispersos y no como una parte compacta
del ejército español. Con ellos se fueron también las últimas
posibilidades de victoria republicana. Tras el Pacto de Munich la II
República quedaba abandonada a su suerte todavía más si cabe por
una Europa acobardada ante el fascismo alemán e italiano y muy tibia
con Franco.
Los brigadistas se
llevaron el respeto y el afecto de millones de españoles,
conscientes de que todos luchaban por una causa común, la
supervivencia de la democracia frente al fascismo, ante el que una
parte fundamental del pueblo, ya fuera como civiles, milicianos o
militares, supo portarse como una verdadera fuerza de choque durante
casi tres años.
Ernesto Viñas.
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